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jueves, 5 de septiembre de 2024

Sapolsky y el libre albedrío

 “Detrás de cada pensamiento, acción y experiencia yace una cadena de causas biológicas y ambientales, que se extiende desde el momento en que se activa una neurona hasta el inicio de nuestra especie y más allá. En ninguna parte de esta secuencia infinita hay un lugar donde el libre albedrío pueda desempeñar un rol”

Sapolsky


lunes, 13 de marzo de 2017

TECNOLOGÍAS

No es lo mismo utilizar el teléfono móvil para pagar la cuenta en un restaurante que para elegir el plato que vas a comer. Tampoco es lo mismo que una aplicación te reconozca una canción tras unos pocos segundos  que el hecho de que componga una sinfonía sin que se aprecie la diferencia respecto a una de Mozart. Que la tecnología informática nos ayude a elegir la carretera para ir a nuestro destino es diferente a que nos ayude a decidir la carrera que estudiar o la esposa con quien casarnos. Existen dispositivos tecnológicos que van más allá de ser un asunto mecánico, ya que parecen comprender y simular el funcionamiento de nuestro cerebro.

La revolución digital ya ha cambiado nuestra vida cotidiana, y los cambios que nos esperan para las próximas décadas son impredecibles: excitantes, o terroríficos. Pero será la unión de estas tecnologías con la biotecnología lo que producirá una revolución cultural sin precedentes al cambiar el concepto que el hombre tiene de sí mismo y socavar los principales cimientos sobre los que se sustentaban nuestros esquemas cognitivos. La esencia misma de la naturaleza humana, fruto de las reflexiones filosóficas de varios milenios puede llegar a su punto más crítico

Pero, permítanme que vuelva al hombre con quien empezó todo, que no es otro que Charles Darwin. Cuando el naturalista inglés elaboraba su teoría sobre la evolución, tuvo muchas dudas en publicar sus ideas por el temor de que hiciera tambalear la sociedad en la que vivía. En su principal libro proponía un mecanismo para explicar el origen de las especies, y aportaba muchas pruebas y convincentes argumentos a favor de su teoría de la evolución; pero la autentica revolución conceptual era la idea de que el ser humano era un integrante más del mundo viviente, un animal más, con un comportamiento más complejo que los demás animales, pero desprovisto de una entelequia psíquica que lo gobierne de manera libre y sin ataduras biológicas. Darwin ya advirtió de las implicaciones que tendría para la psicología del futuro sus ideas sobre el origen del hombre.
Casi dos siglos después, sus ideas dominan las ciencias de la vida, y nadie duda del lugar central que ocupan en la biología. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de las humanidades. Nuestro sistema jurídico y político flota sobre la idea de un ser humano que se despoja de su naturaleza animal y se erige como un individuo responsable, racional y dotado de un libre albedrío que infunde sentido a su vida. Pero esta idea no tendrá nada que hacer cuando se vea socavada por las tecnologías concretas e imparables que nos invadirán en las próximas décadas y que nos conectarán con las máquinas.
Las ciencias de la vida se han dado cuenta de que los organismos vivos cumplen las mismas leyes universales que el mundo físico, de que las barreras que separan el mundo viviente y el resto de la materia se desmoronan. La última consecuencia de la teoría darwiniana es que los organismos funcionan como algoritmos bioquímicos, abriendo de esta manera las puertas a su conexión con los ordenadores. La fusión de las nuevas tecnologías digitales con la biotecnología nos llevará a la mayor revolución cultural de la historia de la humanidad. El alma y la individualidad podrían pasar a ser conceptos anticuados y difusos junto a muchas de nuestras creencias religiosas y culturales.

Hace casi cien mil años unos primates africanos sufrieron unas mutaciones que cambiaron el modo de desplazarse y  aumentaron notablemente sus conexiones neuronales y las posibilidades de comunicarse con sus semejantes. El aumento de su capacidad cerebral hizo que aprendieran a cooperar y a intercambiar información. La conexión de las mentes formando complejas estructuras sociales supuso su mayor logro. Construyeron ciudades, máquinas, dinero y dioses; trasladaron su información en forma de escritura  y se convirtieron en una especie singular que se apoderó del planeta y miró hacia otros mundos.

En el presente siglo, puede que asistamos a cambios de la misma trascendencia que los que originaron nuestra especie, pero a una velocidad incomparable. La revolución digital puede hacer que la mente humana se fusione con la materia inorgánica procedente de los ordenadores, amplificando enormemente la capacidad de procesar e intercambiar datos. El transhumanismo vaticina una nueva y decisiva revolución cognitiva en la que el humano trascenderá nuestras capacidades biológicas hasta límites insospechados. Nadie puede vislumbrar si ese futuro traerá el caos en la tierra o la conquista de otras galaxias. Nadie puede saber si se aplacarán sus viejas angustias existenciales.


Puede que al final, sólo le servirá para dejarse caer en el vacío del cosmos.

martes, 1 de septiembre de 2015

CITA DEL LIBRO; "DE ANIMALES A DIOSES". (Yuval Noah Harari)

Resultado de imagen de HARARI libro



"Nuestros sistemas  políticos y judiciales liberales se basan en la creencia de que cada individuo posee una naturaleza interior sagrada, indivisible e inmutable, que confiere significado al mundo, y que es el origen de toda autoridad ética y política. Esto es una reencarnación de la creencia cristiana tradicional del alma libre y eterna que reside en cada individuo, a pesar de que a lo largo de los últimos 200 años las ciencias de la vida han socavado completamente dicha creencia. Los científicos que estudian los mecanismos internos del organismo humano no han encontrado el alma de la que se habla. Argumentan cada vez más que el comportamiento humano está determinado por hormonas, genes y sinapsis, y no por el libre albedrío; las mismas fuerzas que determinan el comportamiento de los chimpancés, los lobos y las hormigas. Nuestros sistemas judiciales y políticos intentan barrer en gran medida estos descubrimientos inconvenientes bajo la alfombra. Pero, con toda franqueza, ¿cuánto tiempo más podremos mantener el muro que separa el departamento de biología de los departamentos de derecho y ciencia política?"    (pág. 262)

   De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad.Yuval Noah Harari. Traducción de Joandomènec Ros. Debate                                                                      

miércoles, 12 de noviembre de 2014

DETERMINISMO

Puede que solamente sea una preferencia estética. Soy partidario de un determinismo donde no existe el azar en el Universo. Su evolución es el despliegue de un algoritmo donde todo viene determinado por sus condiciones iniciales. Un Universo cerrado, sin incertidumbre intrínseca, que no puede inventarse a medida que va acumulando accidentes. Aunque nuestro planeta parezca danzar en un caos sin ninguna finalidad, en realidad, orbita integrado en la Razón del Cosmos.

No entiendo como el azar que se observa en las mediciones cuánticas puede afectar al desarrollo de los fenómenos macroscópicos que la mente humana es capaz de aprehender. No soy capaz de imaginar un Universo abierto cuyo futuro dependa de acontecimientos estocásticos actuales y cuya evolución sea una narración sin un final determinado. Puede que solamente sea una preferencia estética.


miércoles, 11 de junio de 2014

LIBRO: TIEMPO, MEMORIA Y LIBRE ALBEDRÍO


El libro es una recopilación de algunas entradas aparecidas en este blog, aunque muchas han sido modificadas y ampliadas. Algunos capítulos son breves introspecciones con un marcado carácter autobiográfico, otros, en cambio, son breves reflexiones sobre la vida y las peculiaridades de la condición humana; siempre planeando en torno a los enigmáticos conceptos que refleja el título: tiempo, memoria y libre albedrío.

El determinismo de Spinoza y el papel central que los sentimientos y las emociones ocupan en su filosofía; la revolucionaria importancia de la teoría de Darwin, el desarrollo de la psicología evolucionista o los avances en neurociencias, son algunos de los ejes sobre los que giran muchas de estas reflexiones. Con ellas se mezclan breves elucubraciones personales para meditar acerca de la soledad, la felicidad, la vida, el amor, la libertad y la sabiduría.

Aquí tienen algunos enlaces de compra:



sábado, 8 de marzo de 2014

TIEMPO, MEMORIA Y LIBRE ALBEDRÍO





Un hombre está hecho de tiempo y de memoria; 

y se siente libre pero no lo es.

Su tiempo se acaba cuando lo hace su memoria.


sábado, 16 de marzo de 2013

INCÓGNITO

Acabo de leer “Incógnito. Las vidas secretas del cerebro” del neurocientífico David Eagleman (Editorial Anagrama, 2013). Un libro totalmente recomendable. Brillante, provocador, accesible y que nos ayuda a entender algunas de las cosas que la ciencia actual conoce sobre el cerebro. Un ejemplo de ciencia entretenida y fascinante contada con un estilo atractivo que hace que se lea sin esfuerzo.
Aquí tienen una cita con el tema del libre albedrío, de nuevo, ocupando un lugar fundamental.
“Así pues, según nuestros conocimientos científicos actuales, no hay manera de encontrar el espacio físico en el que colocar el libre albedrío –la causa incausada-, porque no parece haber ninguna parte de la maquinaria que no siga una relación causal con las otras partes. Todo lo que hemos afirmado aquí se basa en lo que sabemos en este momento de la historia, que desde luego parecerá bastante tosco dentro de un milenio; sin embargo, en este punto, nadie puede ver una manera clara de sortear el problema de cómo una entidad no física (el libre albedrío) interactúa con una entidad física (el material del cerebro)”        
                                                                                                                       (pag. 201)


                                                                  
                                                                                          

miércoles, 14 de noviembre de 2012

FILOSOFÍA Y LIBERTAD

La filosofía es un juego del lenguaje, y pocos conceptos dan tanto juego como el concepto de libertad; de manera que un único vocablo es utilizado para referirse a una gran variedad de fenómenos distintos, que han llenado infinidad de páginas y debates a lo largo de la historia.  Intentaré no olvidar el consejo de Voltaire de procurar definir con exactitud los términos antes de comenzar a discutir cualquier asunto. Así, dejando al margen su utilización en un contexto político, social o económico (si es que no es todo lo mismo) y centrándonos en el ámbito psicológico, se suele definir la libertad como la capacidad de un hombre de llevar a cabo una acción de acuerdo a su voluntad. Pero esto supone trasladar la confusión al concepto de voluntad.

Por esto, acotemos más su significado y definamos el término “libertad”, considerado como sinónimo de libre albedrío. Se trata de la capacidad de originar movimientos o pensamientos sin antecedentes causales ajenos a uno mismo. A partir de la nada, de manera espontánea, como causa primera, el humano podría  desarrollar opciones que no se encontraban en las leyes del Universo, poseería una fuente interna, desligada de la Naturaleza, que produciría  fenómenos que no podían predecirse con anterioridad a la elección. Dicho de otra forma, se entiende por  libre albedrío  la propiedad de una supuesta alma o entidad inmaterial, esto es, un yo independiente y consciente, que actúa como única causa de nuestros actos. Es en este sentido donde yo considero que el ser humano no tiene libre albedrío sino que se trata de una ilusión cerebral.
Dejemos  aparte juegos del lenguaje y no confundamos lo anterior con la posibilidad que tienen los cerebros de anticipar las consecuencias que tendrán nuestras posibles acciones, valorarlas, y efectuar la respuesta que parece más ventajosa, lo cual depende de la interacción de la carga genética con la trayectoria vital. Esto ocurre con una extraordinaria complejidad en el cerebro humano y le proporciona muchos más grados de libertad a la hora de efectuar sus respuestas que a cualquier otro animal. Así pues, la experiencia de decidir es un proceso real con la función de seleccionar diferentes opciones de acuerdo con las previsibles consecuencias que tienen para el organismo, y por tanto nos debemos comportar “como si” tuviéramos libre albedrío. Pero el hecho es que el cerebro decide, y posteriormente tiene la sensación subjetiva de voluntad.
El hecho de que tengamos una vivencia tan clara de nuestra libertad, y vivamos con la sensación de ser agentes causales de nuestra conducta se debe a que la evolución nos hizo dualistas. Tan pronto como nuestro cerebro fue capaz de imaginar que detrás del rostro del vecino existe una mente que es parecida a la de uno (teoría de la mente), desarrollamos la idea de que existe un mundo natural ahí fuera que funciona de un modo que en ocasiones podemos predecir, y un mundo interno que podemos esconder, y que nos proporciona la sensación de agencia, es decir  la experiencia de que somos los agentes causantes de nuestros movimientos. La teoría de la mente podía tener ventajas evolutivas ya que ayudaba a averiguar comportamientos de nuestros semejantes, y, por tanto predecir sus conductas. El hombre fue un animal social desde sus inicios y saber sacar partido de las intenciones de tus compañeros de clan y de tus enemigos dio pie a la aparición de la capacidad de mentir y al autoengaño. Pero esto es otra cuestión que merece un debate diferente.

Por cierto, el vocablo libertad procede del latín “liber” que, según algunos autores, tenía en un principio el significado de persona que adquiere la madurez sexual, y que, por tanto puede incorporarse a la comunidad asumiendo ya la responsabilidad de sus decisiones.

Se suele objetar que no existen experimentos científicos que nos aclaren la situación pero a mí me parecen interesantes los experimentos de Álvaro Pascual Leone, donde mediante estimulación magnética en un hemisferio cerebral se consigue que los sujetos muevan una mano, aunque ellos continúan teniendo la “ilusión” de que “libremente” han decidido efectuar el movimiento. En otros, el mismo autor consigue en otros experimentos manipular juicios morales sobre las intenciones de ciertas conductas.  Sin embargo, no parece que la física contemporánea nos diga algo sobre una conciencia autónoma que gobierne “libremente” nuestro cuerpo, entre otras cosas porque violaría el primer principio de la termodinámica.

De cualquier manera, lo que las neurociencias sí que han demostrado es que la mente y el cerebro son la misma cosa y que responden a causas físicas. Descartado el dualismo, y desde un punto de vista materialista, el concepto del libre albedrío como un proceso real me parece que confunde las cosas. Todo son dudas: ¿en qué momento de la evolución de los homínidos apareció esta “facultad”? ¿Cuando aparece en el desarrollo del individuo? ¿Es una característica que no tienen algunos, en algunas circunstancias, o en algunas enfermedades? ¿Se puede anular mediante condicionamiento clásico, o mediante sustancias químicas? Estas dudas se me aclaran desde un punto de vista determinista donde el cerebro está determinado por las leyes de la naturaleza como el resto de la materia del Universo. Por esto  no tiene cabida este tipo de libertad.

En conclusión, las neurociencias y la psicología evolucionista han superado un dualismo que permitía reservar ciertos temas a la filosofía. La libertad, la espiritualidad, la conciencia, están siendo abordados por la ciencia y cambiaran la imagen que el hombre tiene de sí mismo. La filosofía del presente siglo no tendrá más remedio que escuchar y tener en cuenta estas disciplinas a la hora de construir sus argumentos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Cita de Arcadi Espada


"Todo el programa moral de la Humanidad está basado en que el hombre puede elegir sus actos. Y que cuando no puede es un enfermo. Pero la ciencia está impugnándolo: el tipo de biografía que dibuja el futuro es la de un hombre cuyos actos no pudieron ser distintos de lo que fueron. Pero eso no supone, desde luego, la eliminación del castigo: únicamente lo desplaza desde la esfera moral a la práctica"
                                             
                                                                             
                                                                    Arcadi Espada

sábado, 12 de mayo de 2012

La naranja mecánica.

A finales de la década de los setenta, muchos españoles salían fascinados de las salas de cine donde se proyectaba  La naranja mecánica (A Clockwork Orange) (1971) del director Stanley Kubrick. El polémico y deslumbrante film estuvo prohibido en Gran Bretaña durante 30 años a propuesta del propio director ante las amenazas que recibió y ante la aparición de algunas pandillas que intentaban emular las fechorías de su protagonista.
Nos adentramos en el mundo de Alex, un joven ultra violento y amante de la música de Beethoven, que dedica sus noches a dar rienda suelta a sus impulsos de sexo y violencia. En una indeterminada futura sociedad británica, se divierte junto a sus amigos con todo tipo de conductas antisociales, pero al ser traicionado por éstos, es detenido por la policía tras cometer un asesinato. En la cárcel, convertido en el recluso 6655321, acepta ser sometido a terapias conductistas que modifiquen su conducta y le puedan devolver a la sociedad. La técnica -llamada en el film “Ludovico”- consiste en un condicionamiento clásico (Paulov) que impide al protagonista realizar cualquier conducta violenta o sexual.
El film estaba basado en una novela del mismo título que escribió Anthony Burguess en 1962. El autor  justificó el título de esta manera: “He querido que signifique la aplicación de una moralidad mecanicista a un organismo vivo que rezuma jugo y dulzura”
Tanto en el film como en  la novela, el tema fundamental es la preocupación de que las ciencias de la conducta imperantes en la época y una moral materialista puedan robar el libre albedrío al ser humano.  El punto central es la pesadilla que puede suponer para la dignidad humana el control total del ser humano por parte del exterior.  Se suponía que si es la educación lo que hace al hombre, el conductismo, que dominaba la psicología de la segunda mitad del siglo XX, podría penetrar en los entresijos del comportamiento humano. Posteriormente las obras de ciencia-ficción se interesarían por el control del ser humano desde dentro, desde su naturaleza genética.
A esta reprogramación del antihéroe se opone el sacerdote de la cárcel que duda que la bondad pueda proceder de una técnica científica. Les dejo con algunas de sus palabras.
 “la bondad es algo que se elige. Cuando un hombre no puede elegir, deja de ser hombre”….”  ¿Qué quiere Dios? ¿Quiere Dios la bondad o la elección de la bondad? ¿Acaso un hombre que elige lo malo es de alguna manera mejor que un hombre al que se le impone la bondad? Preguntas profundas y difíciles, pequeño 6655321”.
¿Por qué somos como somos? Ésta es la cuestión.


viernes, 6 de abril de 2012

VOLUNTAD NATURAL

Cita de Damasio

“Reconozco que es difícil imaginarse que las nociones de “deseo” y “voluntad” se puedan aplicar a una sola célula individual. ¿Cómo pueden hallarse presentes en un nivel tan elemental actitudes e intenciones que relacionamos con la mente humana consciente y que intuimos como el resultado del funcionamiento de los grandes cerebros humanos? Pero lo cierto es que lo están, con independencia del nombre que queramos darles a esos rasgos característicos del comportamiento de la célula.” (pag. 67)

"Y el cerebro creó al hombre"  Antonio Damasio

sábado, 13 de agosto de 2011

Determinismo, libre albedrío y responsabilidad

 Dios no juega a los dados con el Universo
                            A. Einstein









"Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales".
"No hay en la mente un absoluto libre albedrío, pero la mente es determinada por el desear esto o aquello, por una causa determinada a su vez por otra causa, y ésta a su vez por otra causa, y así hasta el infinito."
 "Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza
                                                                                                                                   Spinoza

Los seres humanos tenemos una sensación clara del “yo” que nos distingue del resto de seres que nos rodean. Esta  experiencia se acompaña de la sensación de agencia, esto es, nos hacer sentir causantes de gran parte de los  movimientos de nuestros músculos esqueléticos. Por esta razón, los libros de texto presentan con el nombre de sistema nervioso voluntario a los nervios relacionados con estos músculos.
 Junto a esta experiencia del “yo” el ser humano ha desarrollado lo que los científicos llaman Teoria de la Mente, que consiste en que somos capaces de atribuir las mismas sensaciones  que nosotros experimentamos a  nuestros semejantes. Estas experiencias, relacionadas con las “neuronas espejo”, hacen comprensibles los sentimientos de empatía que tenemos con nuestros congéneres. Nuestro cerebro desarrolló a lo largo de la evolución la vivencia de que existen fenómenos naturales que ocurren en nuestro alrededor y  procesos mentales que ocurren en nuestro interior , es decir, procesos físicos y procesos psíquicos  o dicho de otra forma, mundo y mente . Resulta muy complicado la admisión por parte de los humanos de que la mente es el resultado de procesos cerebrales que están formados por materia similar a la del resto del Universo. De ahí que se pueda considerar al ser humano dualista por naturaleza, y por esto el dualismo mente-cuerpo que popularizó Descartes hace unos cuantos siglos continúa instalado en la actualidad en la mayoría de los humanos.
Por tanto, nuestro cerebro experimenta de manera muy clara la vivencia subjetiva de un “yo” que habita en nuestro cuerpo y que elige la conducta que ha de ejecutar en cada momento. Percibimos que cada una de estas decisiones del “yo” no está causada por ningún acontecimiento físico previo, es decir, carece de causa alguna. De esta manera, queda intacta la idea de que el ser humano posee un alma libre y responsable que puede construir su futuro. Esta idea constituye la base más sólida sobre la que se construyen las más diversas ideologías o religiones , y que por tanto,  es muy difícil de erosionar.  Pero el intento de entender la naturaleza humana por parte de las neurociencias cuestiona muchas de nuestras creencias, por mas contrarias que nos parezcan a nuestras intuiciones más básicas.
La comprensión de la naturaleza humana en términos biológicos siempre ha provocado fuertes rechazos porque puede eliminar el concepto de responsabilidad personal en que se basa nuestro sistema judicial. Parece como si atribuir las causas de nuestras conductas  al cerebro, los genes, o  nuestro pasado evolutivo, aparte de  ofrecer  una visión monstruosa de nuestra condición deja al individuo sin  responsabilidad en sus acciones. ¿Cómo podemos culpar a alguien si esta obedeciendo ciegamente a un gen determinado o a una amígdala reducida?. ¿Cómo castigar a alguien cuya conducta está dirigida por la actividad de sus lóbulos frontales, los cuales tienen una pequeña deficiencia que le impiden actuar de otra forma? Incluso la tradición psiquiátrica tiende a distinguir entre enfermedades neurológicas o del cerebro, consideradas como trágicas patologías que corroen la responsabilidad de sus portadores, y enfermedades psicológicas, o mentales, donde las alteraciones emocionales o mentales son errores de los individuos y  culpables de una supuesta falta de fuerza de voluntad. El caso más famoso en este sentido es el de Phineas Gage, pero también están bien documentadas conductas muy violentas relacionadas con pequeños tumores en determinados lugares del cerebro (Antonio Damasio o Eagleman ilustran este y otros casos de manera muy detallada).
Hay que hacer notar que, si estas conductas muy lejanas de la normalidad están determinadas por nuestra química cerebral, no hay razón para suponer que las conductas consideradas más comunes no estén asimismo causadas por nuestro cerebro.
Este determinismo biológico tiene su contrapartida en el determinismo medioambiental. También podemos encontrar un amplio abanico de causas  que pueden llevar a disminuir  la responsabilidad de nuestras conductas.  Si la causa recae en los medios de comunicación, los malos tratos en la infancia, la educación por parte de los padres parece que se exculpe al individuo de sus actos.  Siempre puede uno excusarse en las sustancias que tomó la madre durante el embarazo, las malas compañías, los malos vicios, o en general a la sociedad como máximo responsable de nuestro comportamiento . La lista de atenuantes que los abogados defensores intentan buscar  puede llevar a situaciones graciosas como la que apareció en una viñeta en el New Yorker hace unos años refiriéndose a las declaraciones de una mujer defendiéndose  ante un tribunal : “Es verdad, mi marido me pegaba por la infancia que tuvo; pero yo le maté por la que tuve yo”.
En realidad, podemos decir que nuestros actos tienen una causa, mal si no la tuvieran, que a su vez depende de una gran complejidad de factores biológicos o ambientales en compleja interacción. Lo que no podemos aceptar es que nuestra conducta no tiene ninguna causa, o que la causa es un extraño ente inmaterial que influye sobre los procesos cerebrales y que ningún neurocientífico ha encontrado la mas mínima señal.
En mi opinión, esta contraposición entre determinismos, encuadrada en el  anticuado debate entre naturaleza y educación, o entre biología y cultura quedaría anulado por una postura determinista cosmológica.  Es decir, la conducta de los animales es el resultado de un programa genético que se construye a sí mismo en continua interacción con su entorno, y de acuerdo con las mismas leyes que rigen la materia. Este programa genético puede modificarse a lo largo de la trayectoria vital del organismo por los estímulos procedentes del entorno. De acuerdo con la psicología evolucionista, la conducta humana es el resultado del complejo engranaje molecular de nuestro cerebro, diseñado por la evolución para solucionar los problemas de nuestros ancestros. Para los humanos tener un cerebro muy grande que le permita una flexibilidad y una gran variabilidad en sus  respuestas supone una buena ventaja a la hora de aprovecharse de una desigual distribución de los recursos.
 Pero la diferencia respecto de un gusano o una rana es de grado, no de sustancia, y por esto, actuamos movidos por deseos que regulan nuestro cuerpo y que están sometidos a las mismas leyes deterministas que gobiernan el cosmos.
Por tanto el concepto de libre albedrío es una pura ficción cerebral. Tenemos grados de libertad para hacer lo que queramos (más que una ameba, un ratón o un gorila), pero ninguna libertad para querer lo que queramos. Esto no es contradictorio con que nuestra experiencia de decidir es un proceso real con la función de seleccionar diferentes opciones de acuerdo con las previsibles consecuencias que tienen para el organismo; y por tanto nos debemos comportar “como si” tuviéramos libre albedrio, aunque éste sea una ilusión del cerebro.  Nos sentimos agentes de la conducta aunque tan solo se trata de conocimiento o conciencia de haber realizado dicha conducta. Es decir, el cerebro actúa y luego cree que ha sido su voluntad la impulsora de dicha acción, o lo que es lo mismo, actúa y luego cree que hubiera podido elegir otra opción;  aunque ya no es posible retroceder.  Los defensores de una supuesta libertad humana incondicional rechazan el hecho de que nuestras acciones estén causadas  pero no se me ocurre como puede mejorar la cosa si la causa es el puro azar o no existe ninguna causa.
Esta visión acarrea para algunos el problema de la negación de la responsabilidad personal, pero en mi opinión no quedará reducida sino definitivamente clarificada. La explicación de una conducta no significa la exculpación de la misma.  En la actualidad se intenta evitar la responsabilidad de las conductas muy desviadas bajo una gran diversidad de explicaciones  biológicas o ambientalistas que inundan de confusión el debate. 
La responsabilidad moral se convertiría así en una convención, es decir, en una serie de normas que garanticen y optimicen el bien común. El castigo cumple la función de apartar a los transgresores del resto de la sociedad y de servir de ejemplo para disuadir de conductas similares al resto de ciudadanos. Las conductas que se consideren merecedoras de un castigo, por desviarse de las normas establecidas por la sociedad para mejorar la convivencia,  responsabilizaran, por definición,  a los individuos que realicen dichas conductas.
Así pues, el determinismo cosmológico y la inexistencia del libre albedrío no están reñidos con el concepto de responsabilidad, y el concepto de defensa social es el punto central de esa moralidad basada en convenciones. Es la única salida que se me ocurre a la famosa guillotina de Hume:  “ o bien nuestros actos están determinados, en cuyo caso no somos responsables de ellos, o bien, son el resultado de sucesos aleatorios, en cuyo caso no somos responsables de ellos”.

domingo, 31 de julio de 2011

libre albedrio (II)

“llamamos libre albedrío al desconocimiento de las causas de nuestro comportamiento”.
                                                                                                   Spinoza

Estoy delante de un delicioso helado de chocolate y tengo que tomar la decisión de comérmelo o no. En mi deliberación compiten el deseo de darle un mordisco –mis mensajeros químicos me indican la sensación de hambre- y unos mensajes cerebrales que indican que debo controlar el colesterol o el sobrepeso. Yo no soy consciente del proceso de deliberación, pero de repente dejo el helado en el congelador, y pienso: “he hecho lo que he querido”.
En realidad, mi cerebro ha actuado de forma inconsciente y después me ha transmitido la sensación de haber actuado de manera voluntaria. No hace falta recurrir a ningún ente imaginario e inmaterial que toma decisiones y que viola las leyes de la física. En todas las conductas actúan mecanismos similares, más o menos complejos, pero igual de determinados. Las causas de las conductas están en las complejas interacciones neurales que dependen del programa genético con el que uno nace y de su continua interacción con el entorno durante toda la trayectoria vital.
La mecánica cuántica no tiene nada que ver en este asunto y las neurociencias  han descartado definitivamente el dualismo entre mente y materia. Todo está causado por una inconmensurable cadena de causas que rigen el destino del Universo. Este determinismo cosmológico elimina el problema del anticuado debate entre determinismos genéticos y ambientales que llenan de confusión el tema de la responsabilidad moral. El problema es que muchos de los llamados científicos sociales deberán descartar el dualismo de su compleja y vacía charlatanería.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El libre albedrio

L a ciencia del futuro tendrá como objetivo el estudio del hombre, del  hombre por dentro. La medicina personalizada, donde cada paciente dispondrá de su secuencia de ADN y la codificación de un cerebro en software  son algunos de los retos del presente siglo. Pero el funcionamiento de la mente será la gran cuestión. Y ésta cambiará radicalmente los fundamentos éticos  y morales que existen en la actualidad.
Las ciencias neurológicas y genéticas tambalearán los temas filosóficos y políticos que hoy son objeto de innumerables e inútiles debates. Empecemos por la cuestión más importante: el libre albedrío
Las ideas más atinadas desde mi punto de vista sobre esta cuestión  han sido expuestas hace ya mucho tiempo por Spinoza: “  "Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales". "No hay en la mente un absoluto libre albedrío, pero la mente es determinada por el desear esto o aquello, por una causa determinada a su vez por otra causa, y ésta a su vez por otra causa, y así hasta el infinito."
También la famosa frase de Einstein:” Dios no juega a los dados con el Universo” capta la cuestión en la que me parece la cita más profunda e inteligente al respecto.
Analicemos detenidamente el concepto de “libre albedrio”. ¿Qué significa que una persona quiere hacer esto o aquello? ¿Qué entendemos por la voluntad de una persona para decidir su futuro?
Intentaré ser claro poniendo un ejemplo de lo más familiar: Estoy en una tienda y acabo de comprar embutidos y no sé si comprar o no un determinado queso que está expuesto en el escaparate. La dependienta,  muy amable, me propone que su jefe saldrá en un momento y me explicará las virtudes del preciado alimento. Yo no sé realmente que hacer. Sale el citado jefe y me ofrece un pequeño discurso sobre las bondades de su producto. Mientras escucho me doy cuenta de que continuo dudando. No tengo muy claro si quedarme con el queso o no……mi voluntad aún no se decide. El vendedor acaba su discurso y mi libre albedrío decide: -"no, no quiero el queso; se puede cobrar, ya tengo todo lo que quería".  Al salir de la tienda me doy cuenta que mi decisión surgió del fondo de mi cerebro en el momento en que el señor hizo un gesto que me pareció desagradable, y en el interior de mi cerebro se produjo una asociación de ese señor con una persona que no era de mi agrado. No tenía un aspecto de los que me suelen gustar; cada uno tiene sus manías, o experiencias.
Si el vendedor hubiera sido otro/a, con otros gestos, si me hubiera recordado otras sensaciones placenteras, mi decisión, o mi voluntad, hubiera sido la contraria. Si, ya sé que no estoy diciendo nada que no sepa todo el mundo. Las técnicas de venta están muy estudiadas y las virtudes que debe tener un buen vendedor no son difíciles de entender. Pero, ¿no ha sido mi libre albedrío el que ha decidido? ¿Que quiero decir cuando atribuyo el origen de la decisión a mi voluntad?  Mi inconsciente decidió que no cuando determinados estímulos procedentes del vendedor produjeron procesos neurológicos en  mi cerebro que producían rechazo. Después, mi conciencia tuvo la ilusión de que decidió de forma totalmente libre (los experimentos de Libet los comentaré en otra ocasión).
 Entonces, ¿cual es el origen de mi decisión? Respuestas: El vendedor;  mi pasado; mi cerebro........¿ los tres juntos?. Pero, si yo tengo libre albedrío para decidir,  no será que hay alguien aquí dentro (en mi cerebro, me refiero) que después de todo hace lo que le da la gana y elige.
Seguramente esta última opción no la aprobaran muchos lectores, pero es la que da por supuesto la mayoría de la gente. Si preguntas a la gente cual es la naturaleza de ese alguien que hay ahí dentro te contestaran cosas muy variadas y difusas…………podéis probar
La idea del fantasma en la máquina de nuestro cerebro ha sido expuesta hábilmente por Steve Pinker en su libro “La tabla rasa” y no voy a entrar en ella aquí, pero para los que no les valga el ejemplo porque se trata de apetitos o deseos (de queso o de vendedores) se me ocurre el ejemplo de una partida de ajedrez. El jugador está delante de su tablero con las piezas a la vista, y de repente su voluntad elige, la mente del jugador está absolutamente convencida de que su intención es jugar ese caballo que tiene amenazado. Su libertad le hace decidir por esa jugada sin que ningún estimulo del exterior ni ningún vendedor feo interfiera en su voluntad. Es un claro ejemplo de libre albedrío ¿no? El problema viene cuando el otro jugador es una máquina que, por cierto, dicen que no juegan nada mal. ¿Por que el jugador tiene libre albedrío y la maquina no?
De momento he decidido, libremente, que me voy a dormir. Yo sé que no tengo libre albedrio pero vivo como si lo tuviera, así que mi voluntad decide que me voy a la cama…. ¿o será que tengo sueño? .........Buenas noches.