miércoles, 12 de mayo de 2021

CONSEJO DE MARK TWAIN

 Mark Twain decía el siguiente consejo: “nunca discutas con un idiota, te arrastrará a su terreno y ahí te ganará por experiencia “. Puedes sustituir idiota por idioto, o por malvado o malvada, o por gelipollas o gelipollos. Y debería ser fácil de cumplir pero no lo es. Esta entrada está escrita a las cinco de la mañana. Que conste. 

martes, 6 de abril de 2021

OLORES

 

El sentido del olfato está en nuestro cerebro íntimamente ligado a la memoria, pero desconectado del lenguaje; es fácil reconocer los olores pero no describirlos. Este sentido jugó un papel relevante en nuestros antepasados primates. 

En la infancia, cuando nos sentimos más inseguros e inmaduros, los olores adquieren un valor emocional especial, y por eso quedan grabados con tanta intensidad. 

La gente que haya cumplido varías décadas reconocerá algunos de estos aromas que siguen escondidos en algún rincón del cerebro después de tantos años. Todos están atados a recuerdos de un lugar y de un tiempo.

El de los libros nuevos estrenados al principio de cada curso, el de las gomas de borrar con sabor a nata, o a coco, el del alcanfor del armario ropero, o el de bengalas anti mosquitos de lejanos veranos, el de la olla que hacía tu madre o el de la panadería donde se horneaban las monas de Pascua, ”les coques en tomata” o el arroz al horno, el de la tierra mojada después de una tormenta de verano, el olor a humo mezclado con café en aquel bar después del mediodía, el de bocadillo de sepia de otro bar un domingo por la tarde, el aroma verde del jabón Heno de Pravia, o el de Lagarto que se usaba para lavar la ropa, el del pegamento Imedio, el olor al patio de butacas de un cine viejo, o el olor intenso de la habitación de un familiar enfermo. Puedo seguir con aquel aroma a sábana limpia que envolvía de ilusión mis inocentes sueños infantiles, o el olor salado que desprendía cualquier mar, el olor a romero en una excursión de primavera, el del césped mojado y el del cloro de las piscinas, el olor a salazones y a frutas a primera hora en el mercado, el olor a piel y a zapatos nuevos de aquella fábrica y a café torrefacto en aquel almacén de ultramarinos, o el olor dulce de la tienda de caramelos durante una visita a la capital, y el de los churros, y el de la pólvora mezclada con pasodobles. Hay muchos más.


Todos quedaron grabados unidos a emociones en algún lugar del cerebro de manera que 

uno los identifica al instante si han formado parte del territorio de su conciencia; todos adornan el paisaje sentimental de mi infancia y el tiempo no conseguirá borrarlos mientras mi identidad siga intacta. Forman parte de la esencia de mi niñez, del equipaje que uno se lleva a cualquier sitio al que vaya.


viernes, 19 de marzo de 2021

CITA DE ALAN WATTS







Vuelvo al libro “La termodinámica de la vida “ de Sagan i Schneider. Les dejo un fragmento de una cita de Alan Watts que aparece en la página 374. También aparece en el blog Que vida esta donde pueden encontrar un extenso análisis del tema y del libro.

“los organismos vivos, personas incluidas, no son más que tubos que tragan cosas por delante y las echan por detrás, las cuales los mantienen haciendo lo mismo y a largo plazo los desgastan. Así que, para seguir con esta farsa, los tubos encuentran maneras de producir nuevos tubos, que también tragan cosas por delante y las echan por detrás. En el extremo de entrada incluso desarrollan ganglios nerviosos denominados cerebros, con ojos y oídos, que les facilitan la búsqueda de cosas que tragar. Siempre y cuando obtengan alimento suficiente, gastan su excedente energético en menearse de maneras complicadas, producir toda clase de sonidos inhalando y exhalando aire por el agujero de entrada y congregarse en grupos para luchar contra otros grupos. Con el tiempo, los tubos adquieren tal abundancia de aparatos adosados que apenas son reconocibles como simples tubos, y se las arreglan para hacerlo en una asombrosa variedad de formas. Existe una norma vaga de no comer tubos de la misma forma que la propia, pero en general hay una intensa competencia por ver quién se convierte en el tipo superior de tubo. Todo esto parece maravillosamente fútil, y sin embargo, si uno se pone a pensar en ello, comienza a parecer más maravilloso que fútil. De hecho, parece sumamente extraño".»


sábado, 6 de marzo de 2021

SÁBADO, 6 DE MARZO DE 2021.

El tiempo se escapa, yo soy el testigo único de lo que mi memoria va registrando. Como no existe el libre albedrío nada se puede hacer más que asistir a la implacable caída de los días mientras se cumplen las leyes de la naturaleza. 


jueves, 4 de febrero de 2021

LA NATURALEZA ABORRECE LOS GRADIENTES

 

La naturaleza aborrece los gradientes. Esta es la idea fundamental del libro "La termodinámica de la vida" de Dorion Sagan y Eric D, Schneider.


Un gradiente es la diferencia de una variable a lo largo de una distancia, y puede ser de temperatura, de concentración de una sustancia, de presión, etc. La naturaleza tiende a evolucionar haciéndolos desaparecer. Esta idea permite explicar como surgen estructuras complejas que ayudan a deshacer estos gradientes. Entre estas estructuras complejas se incluyen los seres vivos. De la misma forma que un tornado se forma para borrar un gradiente de presión, la vida surge para eliminar el gradiente térmico que existe entre el Sol y el espacio exterior.
De esta forma, el tiempo tiene una única dirección, una única misión: la extinción de todo y la vuelta a la Nada.

domingo, 17 de enero de 2021

UN MES DESCONCERTANTE

Si el año pasado fue desconcertante, éste ha empezado peor. El virus lo envuelve todo y ha dejado a todo el planeta patas arriba. Angustia, desasosiego, incertidumbre. Confío en que la vacuna consiga vencer al virus, pero aún quedan unos meses muy duros, y después de controlar el complicado problema sanitario quedarán los problemas económicos, sociopolíticos y psicológicos, así que no hay muchas razones para el optimismo. De momento, voy a buscar lecturas sobre termodinámica y sobre psicología evolucionista que es donde están las claves para entender el sinsentido del universo, la vida y la conciencia. Pues eso, un mes desconcertante por muchos motivos, aunque, no diré más.



jueves, 24 de diciembre de 2020

UN AÑO DESCONCERTANTE


Un año inquietante está a punto para pasar a la historia. Un año en el que vivimos peligrosamente y que cambiará el modo de vivir de los siguientes.
Si hasta ahora, para morir, lo único suficiente era estar vivo, ahora para enfermar puede ser suficiente con salir a la calle. Si el roce traía el cariño, ahora también trae el contagio. En este año del estado de alarma vamos a resignarnos tranquilamente al cierre de espectáculos, de restaurantes, de viajes, de la noche; pero que nadie nos quite ya nuestro mundo virtual. A un niño puedes apartarlo de sus amigos pero no de sus videojuegos,y no intentes apartar a un adolescente de su teléfono móvil. Es verdad, tampoco a un adulto, ¿o es que alguien conoce a alguien que se resignara a hacer la cuarentena sin su smartphone y sin su internet?
Este año histórico ya está a punto para despedirse. El año de la pandemia, del coronavirus, del confinamiento y de la mascarilla, del teletrabajo y de las telecompras. Este año está a punto de acabar con una etiqueta más, el año sin Navidad.
En este año del desconcierto, unos días puedes cenar con diez comensales, y otros con seis, unos días te recomiendan las autoridades que no haya picoteo en la cena de Nochebuena, o que solo haya convivientes de dos núcleos familiares, otros días te explican el significado de ser "allegado" para que puedas cenar o no con él. También el delirio se instala en otros lugares, como en Italia, donde se explica tranquilamente que " quien al mediodía vaya a comer con sus abuelos no podrá ir a cenar con sus primos por la noche"
Bien, no pasa nada, pero no hay una navidad diferente, no hay navidad.
No hay navidad porque no hay cena de nochebuena con familiares, porque no hay reuniones en los bares con el ambiente prenavideño de siempre. No hay villancicos, ni comidas con los sobrinos, no hay ilusión en las compras de los días previos con las calles repletas de gente, ni tampoco conciertos navideños en la Iglesia donde puedas ir a ver cantar o tocar sus primeras notas a los más pequeños. Tampoco ha existido el último día de clase antes de Navidad, ese día que, anticipando las dos semanas de vacaciones, se respiraba un ambiente diferente en los centros, no lectivo sino festivo, donde los alumnos circulaban libremente siguiendo sus primeras lecciones hormonales, ese ambiente con una banda sonora reconocible, que este año no ha existido.
Pero, claro, habrá felicitaciones y besos virtuales por whatsapp, instagram, facebook y demás redes sociales. La vida digital se reforzará y continuará con su excelente estado de forma, dominando en todos los ámbitos de las relaciones personales. La vida presencial no será lo que era, y puede que, sencillamente, estuviera sobrevalorada. Por ahora continua presente un fuerte impulso a intercambiar ciertos flujos biólógicos,  pero siempre puede uno volver, de nuevo, al cortejo digital. Pero no es lo mismo. 
Esperemos que el próximo año sea el de una vacuna eficaz y no virtual. No les digo feliz Navidad, pero si les deseo un esperanzador año 2021.