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sábado, 12 de enero de 2013

ROBERT REDFORD

Este rubio californiano nacido en 1936 pasó una juventud rebelde, bohemia y algo accidentada tras la muerte de su madre en 1955. Empezó su carrera cinematográfica casi a los 30 años gracias a la inestimable ayuda de su novia Lola, que lo apartó de la depresión y la bebida, y se convirtió en su primera esposa.
Pronto hizo algunos títulos notables: La jauría humana de Arthur Penn, y Propiedad condenada de Sidney Pollack, amigo con el que colaborará en muchas y apreciables ocasiones. Posteriormente hizo Descalzos por el parque que le supondría el lanzamiento definitivo al dejar boquiabierto a buena parte del público femenino.

El éxito tuvo mucho que ver con la extraña simbiosis que se produjo con otro de los actores más guapos del celuloide: Paul Newman. Ambos protagonizaron los films de George Roy Hill:  Dos hombres y un destino y  El golpe. Entre los dos se produjo una extraña colaboración, lejos de la competencia, en la cual los dos colegas salieron beneficiados, formando una singular pareja de pícaros atractivos y con clase.
En la década de los 70 fue una de las principales estrellas del cine americano y protagonizó sus mejores papeles a las ordenes de su amigo Pollack: Las aventuras de Jeremias Jonson  donde presenta la vida de un trampero y cazador solitario que abandona la civilización y se esconde en los espléndidos espacios naturales de las Montañas Rocosas, la romántica Tal como éramos junto a Barbra Streissand y con una esplendida banda sonora o  la película de espías  Los tres días del cóndor. También protagonizó otros títulos importantes como El gran Gastby, o Todos los hombres del presidente.

Ya en su etapa adulta ha participado en numerosos proyectos de desigual resultado como director y como maduro sex symbol, pero destaca por encima de todas su papel en Memorias de África (1985) de nuevo con Pollack dejando para el imaginario colectivo las hermosas imágenes sobrevolando colinas y lavándole el pelo a Meryl Streep en su granja de África.
También en los últimos años destaca su participación en el festival de Sundance, un certamen que promueve el cine independiente de jóvenes cineastas.

Su forma de colocar las manos, su elegancia al llevar un traje, su serenidad y contención en el gesto le han llevado a ser uno de los rostros más populares de la segunda mitad del siglo XX. Uno de los grandes de la época dorada de Hollywood y candidato a pertenecer en cualquier lista de los tipos con más clase que han aparecido en la pantalla.

1 comentario:

  1. ¿Entonces todo se lo debemos a Lola? Guapo entre los guapos, desde luego.

    Un saludo

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