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viernes, 12 de septiembre de 2025

EL CEREBRO ANCESTRAL FRENTE A LAS REDES SOCIALES

 No es casual que muchas de las grandes empresas de contenido estén vinculadas a pecados capitales: Netflix explota la pereza, Twitter la ira, Instagram la vanidad, LinkedIn la codicia, Amazon la gula, Pinterest la envidia y PornHub la lujuria.

Mariano Sigman y Santiago Bilinkis en “Artificial “

  1. “Nacimos con un cerebro moldeado durante millones de años para vivir en tribus pequeñas, pero hoy ese mismo cerebro se enfrenta a un universo digital sin límites. Las redes sociales, más que una herramienta, son un desafío evolutivo

Los que nacimos en la década de los sesenta crecimos en un entorno en el que la tecnología avanzaba deprisa, tratando de acortar distancias con el resto de Europa. Fuimos testigos de la llegada de innovaciones que transformaron la vida cotidiana: el televisor, que cambió la forma de convivir en familia; la lavadora y el lavavajillas, que aliviaron las tareas domésticas; el coche y el aire acondicionado, que facilitaron la movilidad y el confort; o la televisión en color, oh! o el vídeo doméstico, que nos permitió volver a ver en casa aquellas películas que antes solo podían disfrutarse en el cine.

Todas estas tecnologías tenían algo en común: estaban orientadas a ahorrar esfuerzo, a sustituir trabajo humano,  y a facilitar la subsistencia y el bienestar. Ortega y Gasset lo resumió con claridad: la técnica es un modo de ahorrar esfuerzo.

 Pero los avances actuales que vivimos ahora son distintos. No me refiero tanto a Internet o incluso a la inteligencia artificial, sino a un fenómeno más cotidiano y, a la vez, más perturbador: las redes sociales. 

El teléfono móvil, sin duda, ha traído incontables ventajas. Nos ha facilitado la vida, nos ha abierto puertas culturales y nos ha conectado con el mundo. Sin embargo, las redes sociales poseen una característica singular que las hace diferentes de todo lo anterior. No se trata de ahorrar esfuerzo físico, como hacían la lavadora o el coche, o proporcionar bienestar físico como un sofá con hidromasaje o un mando a distancia, sino de ocupar un espacio central de la vida emocional y social.

El ser humano tiene un impulso biológico, adquirido a lo largo de la evolución, que sirvió para la cohesión del grupo favoreciendo su supervivencia y es la tendencia a relacionarse con los demás, a pertenecer y sentirse aceptado por el grupo. El famoso número de Dunbar señala que nuestro cerebro puede gestionar vínculos significativos con unas 150 personas. Pero con las redes sociales esa frontera natural ha quedado rota: ahora podemos interactuar con miles de desconocidos, en un espacio virtual donde el ansia de contenidos y la búsqueda de dopamina que ocasiona se convierten en un mecanismo adictivo.

Las redes sociales no ahorran esfuerzo: explotan nuestra necesidad de socializar. Y lo hacen con un poder replicador implacable. En el universo, todo lo que se reproduce con facilidad tiende a expandirse: un virus, una célula cancerosa, un ejército de clones, un meme. No importa si es justo o injusto, benigno o maligno; lo que se replica sin freno acaba imponiéndose en el entorno. Así ocurre con las redes sociales, generando necesidades sociales de reconocimiento y contenidos que moldean sus mentes en función de beneficios empresariales o políticos independientemente de la veracidad o del bienestar general de los usuarios. Su principal objetivo es que pasemos el máximo tiempo posible conectados en la red y por eso se replican en la mayoría de móviles del planeta atrapando y manipulando especialmente a los más jóvenes, aunque no solo a ellos. 

Nuestros antepasados solo podían relacionarse con un grupo reducido de personas. Ahora un joven puede quedar expuesto y ser sometido al juicio de miles de personas en cuestión de segundos y quedar atrapado en una dinámica adictiva que no pueda controlar, y que se enfrenta a consecuencias impredecibles.

El resultado es un planeta inundado de tendencias que no encajan bien con el cerebro de Homo sapiens, un cerebro que sigue siendo, en lo esencial, el mismo de hace miles de generaciones. De ahí los riesgos: adicciones, polarización, distorsión de la convivencia, enfermedades mentales o desadaptaciones sociales que apenas empezamos a vislumbrar.

Lo paradójico es que ni siquiera sus propios creadores previeron este desenlace. Muchos ingenieros de Silicon Valley han acabado reconociendo que estas plataformas, diseñadas inicialmente como herramientas de comunicación, han terminado escapándoseles de las manos. Y hoy sabemos que tienen la capacidad de alterar la forma en que pensamos, sentimos y nos relacionamos.

Por eso, más allá de cualquier otra tecnología, considero que las redes sociales son especialmente peligrosas. Porque no solo polarizan y expanden el odio, sino que además convierten a adolescentes en adictos que sustituyen la calidez de las relaciones de carne y hueso por la fugacidad de un “me gusta” en la pantalla. El crecimiento tecnológico es exponencial y los cambios que viviremos en las próximas décadas serán más profundos que los acumulados en muchos siglos anteriores, pero conviene recordar que el cerebro humano sigue siendo el mismo: un cerebro con impulsos biológicos heredados de nuestros antepasados simios. Impulsos que se enfrentan a un entorno que nunca imaginaron.

Por tanto, las redes sociales, y posiblemente también la inteligencia artificial ponen sobre la mesa el mismo dilema: cómo proteger un cerebro ancestral en un mundo que cambia demasiado rápido. La pregunta ya no es solo técnica, sino filosófica y social: ¿cómo seguir siendo humanos en medio de una tecnología que no descansa en facilitarnos la vida, sino en ocupar nuestra mente?


martes, 13 de mayo de 2025

CONDICIÓN DE PRIMATE

Este era el título del libro. Pero lo voy a cambiar por “La herencia del simio “. En breve publicaré aquí el prólogo y la introducción. 

miércoles, 23 de abril de 2025

UN VIAJE POR EL COSMOS Y LA VIDA



ENTROPÍA, EVOLUCIÓN E INFORMACIÓN: UN VIAJE POR EL COSMOS Y LA VIDA.



Tres conceptos permiten construir una narrativa poderosa y coherente del devenir del cosmos, de su viaje hacia la vida y la conciencia, desde los primeros instantes del universo hasta la complejidad de un ser humano. Estos conceptos son: entropía, evolución e información.

El universo y la flecha del tiempo: la entropía y el orden improbable 

Todo comenzó hace unos 13.800 millones de años con el Big Bang. En ese misterioso momento inicial, el universo era extremadamente denso, caliente y ordenado. Desde entonces, ha estado expandiéndose y evolucionando hacia estados de mayor entropía, un concepto asociado al desorden y que, más precisamente, indica el número de microestados posibles en un sistema.

El cosmos tiene el destino sellado hacia el desorden. La entropía, una medida del caos, crece sin pausa. La materia se enfría, la energía se disipa, las estructuras se desgastan. Y sin embargo, en ese descenso inevitable hacia la muerte térmica, surgieron islas improbables de organización: galaxias, soles, planetas, seres vivos, y conciencia. De la simplicidad del Big Bang a la complejidad de la vida, el cosmos ha generado estructuras capaces de almacenar, procesar y replicar información en medio del caos creciente.

 En la lotería ciega de la química, algunas formas resultaron viables, pueden existir drenando energía, generando más desorden a su alrededor, canalizando la entropía. La entropía marca la “flecha del tiempo”, lo que distingue el pasado del futuro. Todo tiende a disiparse, a mezclarse, a perder estructura. Pero en esa tendencia al caos, emergen localmente sistemas que parecen ir en contra: así surgió la vida. 


Evolución y la improbable aparición de la vida

La vida, solo en apariencia, desafía la entropía. Organismos que se reproducen, metabolizan y se adaptan pero no violan las leyes termodinámicas: los seres vivos aumentan la entropía global al intercambiar energía con su entorno. Lo hacen organizándose localmente, a costa de generar más desorden fuera de sí mismos. Son estructuras que capturan energía (como la luz solar o los enlaces químicos) para mantener su improbable organización. Pero no basta con la organización. Lo que define a la vida es su capacidad de cambio, de aprendizaje, de adaptación, su evolución.

La teoría de la evolución por selección natural, formulada por Darwin  y completada por la genética moderna entiende que la vida cambia por la acumulación de variaciones que son seleccionadas en función de su utilidad. Este proceso, ciego y sin propósito, ha generado desde bacterias hasta humanos. La vida no fue un milagro, es una historia de ensayo y error, de mutación y descarte, donde la única regla es sobrevivir. No sobrevive el más justo, ni el más bello, ni el más fuerte. Sobrevive lo que se adapta, lo que encaja, lo que resuelve, lo que funciona, lo que consigue hacer más copias para perpetuarse durante un tiempo hasta que el mismo tiempo lo diluya.

En un universo indiferente, donde las estrellas mueren sin testigos y los átomos colisionan sin propósito, existe una ley no escrita, pero inexorable: sólo lo que funciona permanece. Todo lo demás —lo que no encaja, lo que no resiste, lo que no se adapta— se desvanece en el olvido del tiempo.

Esa es, en esencia, la selección natural. No es un diseño ni un juicio moral. No tiene intención ni compasión. Es simplemente la constatación brutal de que lo que no puede sostenerse, cae. Lo que no puede replicarse, muere. Lo que no puede leer las condiciones del entorno y responder con eficacia, es eliminado.

Desde el instante cero, el universo ha sido un campo de pruebas. Un lugar sin propósito ni dirección, donde todo lo que se genera es arrojado a la criba del tiempo. No hay juez, no hay plan. Solo la implacable y sencilla ley de la selección: lo que funciona, persiste; lo que no, desaparece.

Una célula que se reproduce sin control, es un cáncer, un virus que se reproduce  eficazmente es una pandemia. Una sociedad que se expande sin piedad ocasiona una guerra y un robot que se replique sin control será un problema grave para la humanidad. 

Quizá eso sea el ser humano: un intento desesperado y hermoso de persistir con dignidad en un cosmos que no promete nada. Una llama que, aun sabiendo que se apagará, arde con más intensidad. No para vencer a la entropía, sino para brillar mientras pueda.

No hay ningún gran juez. No hay tribunal. Solo el filtro del tiempo.

Y, sin embargo, en este filtro implacable, hay espacio para la ternura. Para la compasión. Para el arte. Para el gesto gratuito. Y puede que eso, precisamente eso, sea nuestra manera de funcionar: no renunciar al significado, aunque sepamos que es efímero. No huir de la fragilidad, sino abrazarla como condición de todo lo que importa.

Información: el lenguaje de la vida y del cosmos

La vida almacena instrucciones para su funcionamiento en moléculas como el ADN. Esas instrucciones no son simples estructuras físicas: son información codificada. Aquí la teoría de la información —nacida con Claude Shannon en el siglo XX— nos ofrece herramientas para entender cómo los seres vivos almacenan, copian, procesan y transmiten datos con eficiencia.

La evolución es procesamiento y transmisión de información bajo presión ambiental. El ADN no es sencillamente una molécula química: es un archivo de estrategias ganadoras en la lucha por sobrevivir, es memoria, es pasado cristalizado, es un relato sobre su paso por este universo.


Cultura, tecnología, ética: la vida en otras formas

La selección natural no se detuvo en las células. Siguió actuando en cada nueva complejidad. También las ideas y las culturas se originan, se expanden, compiten, y se adaptan o desaparecen. Las ideas que no se entienden, que no emocionan, que no cohesionan… no consiguen subsistir. Las que sí, se repiten, se cantan, se escriben, se enseñan. La historia la escriben los viables, los que dejan descendientes. 

También las tecnologías mutan y se reproducen. Cada herramienta, cada máquina, es una adaptación artificial al entorno. Cuando no se usan, pasan al museo de la antigüedad. El progreso es darwiniano. No vence lo más innovador, sino lo que resuelve un problema. La rueda, el fuego, el lenguaje, el chip o Internet, todas sobrevivieron porque resolvieron problemas y se favorecieron las copias. 

Incluso la ética —ese intento humano de decidir qué es lo correcto— está sujeta a selección. Los valores que destruyen sociedades acaban descartados. Los que promueven cooperación, empatía, estabilidad, se repiten, se codifican, se heredan. No porque sean “buenos” en sí, sino porque permiten la supervivencia del grupo. La justicia no brota de un mandato divino ni trascendente: brota de la necesidad de convivir sin destruirnos. Expresiones más abstractas de la misma ley: sólo lo que funciona perdura.

Así, la moral, la cultura, la tecnología… son extensiones de la vida. Son su continuación por otros medios. Las lenguas que nadie habla, los ritos que ya no emocionan, los mitos que pierden su poder explicativo… desaparecen. Y no porque alguien los condene, sino porque ya no funcionan. No cohesionan, no orientan, no sirven para navegar el presente.

La compasión, la justicia, la empatía: no se impusieron porque fueran “correctas” en un sentido trascendental, sino porque favorecieron la cooperación, la cohesión grupal, la supervivencia colectiva. Incluso nuestras nociones de bien y mal han sido filtradas por lo que funciona en términos de convivencia, de mejora de la descendencia. 

Si todo está sometido al juicio del tiempo, podemos mirar con otros ojos nuestras ideas, nuestras tradiciones, nuestras certezas. Podemos dejar de venerarlas como verdades sagradas, y empezar a evaluarlas como herramientas. Preguntarnos, con lucidez y sin miedo: ¿esto todavía funciona? ¿Esto nos sirve hoy para mejorar el orden social y permitir que nuestras siguientes generaciones puedan continuar con el mínimo dolor?

 La conciencia como anomalía funcional

Y entonces estamos nosotros. Animales conscientes, frágiles, asustados, capaces de preguntarse por el sentido de todo esto. Somos el producto de la selección, pero también su espejo. Sabemos que existimos y morimos, a diferencia de una piedra o un gusano. Sabemos que el tiempo desgasta y todo se acaba. Y sin embargo, insistimos. Amamos. Creamos. Luchamos. A pesar de que es un misterio la necesidad de que el cosmos se haga consciente 

Esta conciencia no nos exime de la selección, pero nos permite responder a ella de un modo nuevo: con arte, con ciencia, con filosofía. Inventamos ficciones, religiones, sistemas éticos, lenguajes. Buscamos sentido incluso donde no lo hay, y en esa búsqueda, a veces lo creamos. No porque el universo lo exija, sino porque a nosotros nos funciona.

Quizá eso sea el ser humano: un intento desesperado y hermoso de persistir con dignidad en un cosmos que no promete nada. Una llama que, aun sabiendo que se apagará, arde con más intensidad y brilla intentando buscar belleza y sentido.

Esta conciencia no nos libra del filtro, pero nos permite dialogar con él. Inventamos ficciones, símbolos, dioses, arte, ciencia. Nos calman, nos explican, nos conectan, nos sirven. El sentido no está dado: lo construimos porque con él funcionamos mejor, nos replicamos con más eficiencia. 

Y quizá eso sea lo más humano: funcionar gracias a lo inútil. Persistir gracias a lo efímero. Encontrar dignidad en la fragilidad, belleza en lo condenado a desaparecer.

Queremos ser eternos. Pero no hay muchos indicios de que esto sea posible Ninguna especie lo es. Ninguna cultura. Ningún sistema. Todo será arrastrado, tarde o temprano, por la marea silenciosa del universo. Mientras tanto, tenemos información codificada en nuestro sistema para intentar resistir. Aferrarse a la vida, desafiar al tiempo. Tener hijos, transmitir conocimiento, transitar durante un breve periodo de tiempo buscando un legado que dejar, unas historias que contar.

No hay consuelo absoluto en esta visión. Pero hay verdad. Y a veces, la verdad, aunque fría, tiene la forma exacta de lo que necesitamos.

La vida es una consecuencia emergente de sus propias leyes. Y aunque el destino último sea la muerte térmica —un estado de máxima entropía donde ya no habrá diferencias ni estructuras—somos unas islas de orden que piensan, sienten y se preguntan cómo ha podido la materia preguntarse por sí misma, explicarse, entenderse, encontrar un sentido. Así que vivamos como lo que somos: el resultado improbable de un proceso ciego que, sin saberlo, produjo ojos que ven, cerebros que piensan y corazones que sienten. Fragmentos de materia que buscan algo a lo que agarrarse. Aunque la posibilidad del desprendimiento sea una de las opciones. 


sábado, 5 de abril de 2025

CITA DE MARCO AURELIO

 “El arte de vivir se asemeja más a la lucha que a la danza “

Hay mucho que desarrollar a partir de ahí, pero será otro día. Pueden empezar a reflexionar, y les puede servir tanto en el ámbito individual y privado como en el colectivo y político. Miren el panorama internacional. Hasta la próxima. Se admiten comentarios. 



lunes, 3 de marzo de 2025

TUBOS

Los animales, tambien los humanos por supuesto, pueden considerarse como tubos que ingieren alimentos por delante y eliminan los residuos por detrás, de esta manera aguantan hasta producir nuevos tubos, que también tragan cosas por delante y las echan por detrás. Las paredes de los tubos se engrosan y forman órganos y aparatos en una cavidad interna que les permite adaptarse al medio donde residen, lo que les hace adoptar multitud de asombrosas formas que los hacen irreconocibles como tubos. En el extremo de entrada incluso desarrollan ganglios nerviosos denominados cerebros, con sensores que les facilitan la búsqueda de cosas que tragar y de parejas para procrear. Cuando obtienen alimento suficiente, gastan su excedente energético en congregarse en grupos para defenderse y luchar contra otros grupos con los que entran en conflicto originándose una fuerte competencia que permite a la selección natural mejorar la capacidad de formar tubos bioquímicos complejos y perfectamente adaptados a su entorno. El Tiempo hace el resto. Hasta el punto que los cerebros tienen la capacidad de buscar el origen termodinámico de los seres vivos y las leyes que rigen la materia hasta el punto que la misma materia sea capaz de preguntarse por sí misma. Pero el Universo sigue su curso sin que le importe lo más mínimo las cuitas de estos fragmentos de materia humana aparecidos en un pequeño planeta en un rincón de una galaxia que pertenece a un conjunto de galaxias al que los humanos llaman grupo local. Pues nada. ¿Y qué?

jueves, 5 de septiembre de 2024

LLEGA SEPTIEMBRE


 Llega septiembre. Y las playas desiertas, y la lluvia, y la caída de las hojas. Llega la sensación de que el tiempo vuela y nos protegemos con los hábitos y la rutina.

Vuelven las tormentas y los charcos en las calles, la melancolía y los días cortos. Vuelve el cielo gris y el mar triste 


Y vuelve la incertidumbre de lo que viene. La racionalidad no tiene la última palabra pero deberá imponerse a las emociones frente a lo que el viento del azar nos ofrezca  antes de enfrentarnos al próximo verano

lunes, 13 de marzo de 2023

UNA MAÑANA INTACTA

 Parece una mañana de primavera. Una mañana intacta, abierta a la luz. El mar se extiende silencioso y tranquilo bajo la mirada del sol que acaricia mi rostro, aún sin fuerza. Cierro los ojos y noto la tibieza en mis párpados. Viajo al centro de mi cerebro, de mi vida.

 Vivir es elegir, cada opción elimina todas las demás alternativas, y ya nada será igual. Cada decisión, cada acto determinará el resto de tu camino, y aunque parezca no tener consecuencias, como tirar piedras al mar, las tiene; y son irreversibles, definitivas. 

Estoy escuchando música sublime. Y disfrutando de esta mañana sosegada y limpia, a la espera de nuevas cenas en la terraza de un buen restaurante, envuelto en el aroma del mar.

Sí, lo sé, al mundo nada le importa; a mí, casi nada. Pero todavía soy capaz de imaginar emociones que me erizan la piel y me empujan las lágrimas hacia fuera. Mientras escribo, sigo escuchando música que recorre mi vida. ¿Quien se puede atrever a decir que no es conmovedora? Soy yo, solo, el que la hace gloriosa, perfecta, cuando suena en mis auriculares y en lo más profundo de mi memoria. Y esto es incuestionable, absoluto. El sol sigue subiendo para observar el mar con más fuerza en esta mañana lenta, clara, intacta.


P. D. Al final la tocaron, vaya si la tocaron

jueves, 23 de febrero de 2023

CALMA

 Por las mañanas me despierto despacio, abro los ojos suavemente, como un animal, y escucho el leve rumor de las olas. El resto es silencio, solo silencio. Ya no vivo en una ciudad. Tampoco las ciudades son como antes, que tenían el aroma de los sueños. Y yo, yo tampoco soy el de antes.

Queremos ser cruciales para la gran familia humana, lograr el status que te permitirá la conquista anhelada, que te hará dominar tu entorno y ocupar el lugar privilegiado para el que has sido elegido. Vivimos pendientes de la opinión ajena, siempre reclamando su atención, como una flor hace con el sol. Pero llega el día en que te das cuenta en que eres uno más, un pedazo de carne en la gran cadena evolutiva, un soma intrascendente del reino animal que, durante un tiempo se creía especial. Al final nada importa. El universo no necesita a nadie. Una vez superadas tus pasiones más salvajes, solo te queda aceptar que la mejor forma de participar en esta carrera de relevos es evitar el miedo y el dolor. Desde ahí buscar la belleza en la verdad, en la serenidad, en la calma

martes, 14 de febrero de 2023

FRAGMENTOS

La vida está hecha de fragmentos. La perspectiva de los años te permite fragmentar la vida, recordar paraísos imaginados, ilusiones inocentes, viajes soñados. De nada te servirá lamentar  cómo todo se te ha escurrido entre los dedos.


No hemos nacido con el derecho a tener nada. Hemos sido sacados a la intemperie de la naturaleza sin ninguna garantía, ningún permiso ni seguridad. Ninguna justicia divina. Hay que abrirse el paso con las instrucciones de la lotería genética heredada y con  los instrumentos que te hayas construido, pero has de tener suerte con los obstáculos y los compañeros de viaje que te encuentres en tu camino. 


Para qué tanto despilfarro, este diluvio de luchas y sueños, estas pérdidas. Solo al final buscarás el sosiego, solo. Para qué una conciencia que te haga ver el fracaso. Para qué la ansiedad ante el poder del tiempo. ¿Que necesidad tenía la naturaleza de ir más allá de ser ciego como un topo, lento como una tortuga o duro como un puma? ¿Que necesidad tenía la materia de buscar la sensibilidad y después la conciencia?¿Porqué no se quedó en algo inmóvil como un pino o irreflexivo como un cangrejo?¿Simplemente así fue? ¿Dónde está la ventaja del gran cerebro si la derrota es segura?


No hay una vida completa. Solo fragmentos. Y un final. 

miércoles, 1 de febrero de 2023

SOLEDAD INFRANQUEABLE

 Mis hijos son mi cosecha, mis sueños renovados soltados a la intemperie. Son un manantial del que brota una vida más lúcida, más plena que la mía. Verán el esplendor de nuevos horizontes, irán un paso más allá y contemplarán la cima; con la cara adornada por el triunfo se asombrarán ante un futuro que yo no veré. 

No hay tranquilidad como este sosiego, esta calma de la luz del mar, este brillo limpio en un día apacible de invierno solitario, de playa fuera de temporada.

He llegado a una edad en la que me siento más joven que las arrugas que veo en mis fotografías. Me resisto a que mi cerebro empiece a degenerar y a encogerse, a que no encuentre la palabra justa, pero sé que llegará el momento en que la esperanza parpadee y el abismo se presente con toda su crudeza ante mi rostro. 

El único sentido de la vida es esta continua renovación de las ilusiones inocentes, adolescentes, del torbellino de pasiones que buscan extraer orden del caos y contemplar un amanecer como si el sol saliera con el propósito de saludarte.


No hay felicidad como ese  entusiasmo con el que se afronta un buen fin de semana con la emoción justa con la que nos ha preparado la evolución para que la vida prospere y se apodere de la materia. 


Mientras, un rayo de sol diagonal cruza mi habitación para combatir el frío. Y me recuerda que hay que intentar evitar el conflicto y agarrarse a la amabilidad, a la lealtad, a la serenidad. Y me invita a buscar la belleza para conquistar mi nuevo territorio, mi espacio de soledad infranqueable

martes, 11 de octubre de 2022

PATRIMONIO

 A partir de cierta edad, el tiempo es el bien más preciado, y el silencio la mejor opción. Callar, pero no obedecer, puede ser la mejor forma de rebelarse ante la vejez que se asoma, en la cual el tiempo será tu principal patrimonio. 

Ya no estás para malgastar ese patrimonio con cualquier idiota que quiera arrebatarte la paz y el sosiego de tus horas tasadas. Tus últimas energías debes usarlas para defender tu territorio, que solo a ti te pertenece, y compártelo solo con quien te ayude a cumplir tus objetivos que, aún, te harán disfrutar de momentos de suave felicidad. 


Tu alma, que se ha construido a lo largo de varias décadas con paisajes, aromas y tontas  canciones que hablan de amor, se ha dado cuenta de que está hecha de tiempo. Recuerda las palabras de Pessoa “ la realidad no me necesita” y aprende una única lección: abandona las abundantes lágrimas, y aprovecha el patrimonio de tiempo que aún te queda y que no deberías desbaratar. 


lunes, 28 de marzo de 2022

Depresión

 Por si sirve, voy a publicar de nuevo una vieja entrada sobre la depresión. A mí no me sirve, será que no tengo depresión.



Aunque soy licenciado en Psicología nunca he trabajado como psicólogo ni he tenido la intención de hacerlo. La inmensa mayoría de las cosas que tuve que estudiar durante la carrera me parecieron inútiles 
Al menos en la universidad donde yo estudié, no se le otorgaba ninguna importancia a lo que ocurría en el interior del cerebro, considerado como una caja negra donde no era necesario indagar. Todo se resumía a estímulos y respuestas para explicar la conducta. Yo siempre creí que no solo en el cerebro, sino también en su origen evolutivo se encontrarían muchas de las claves para entender la naturaleza humana; por esto creo que la psicología evolucionista aporta el marco teórico adecuado para progresar en el conocimiento de la mente. 
En los blogs “La nueva ilustración evolucionista” o  “Evolución y neurociencias” he encontrado ideas más inteligentes que en los textos clásicos de psicología del pasado siglo. 
En este último blog, Pitiklinov publicaba hace unos meses una carta del director de cine Stephen Fry que ha sufrido depresiones a los largo de su vida  a una mujer llamada Crystal que estaba padeciendo dicho trastorno y le había pedido ayuda. Por si esta interesante reflexión le puede ser útil a alguien, me permito transcribir la carta.

“Querida Crystal,

Me apena oír que la vida te está golpeando fuerte en estos momentos. Dios sabe que puede ser muy duro cuando nada parece que encaja y nada nos llena. No estoy seguro de que exista un consejo específico que yo pueda dar que ayude a que vuelva el gusto por la vida. Aunque lo hacen con la mejor intención, duele que nos recuerden cuánto nos aman los demás cuando tú no te amas a ti mismo.

He encontrado que es de ayuda pensar acerca de las emociones y sentimientos propios como similares a los cambios meteorológicos.
He aquí algunos hechos obvios acerca del tiempo:
Es real
No puedes cambiarlo con tus deseos
Si llueve y está oscuro, realmente llueve y está oscuro, y no puedes cambiarlo
Puede estar oscuro y llover 15 días seguidos

PERO

Algún día saldrá el sol
No podemos controlar cuando saldrá el sol, pero saldrá
Algún día

Ocurre lo mismo con nuestros estados de ánimo. El enfoque equivocado es creer que son ilusiones. Son reales. La depresión, la ansiedad, la apatía -son reales como el tiempo- Y DE LA MISMA MANERA, NO ESTÁN BAJO NUESTRO CONTROL. No son culpa nuestra

PERO

Pasarán: 

algún día lo harán

De la misma manera que uno debe aceptar el tiempo, uno tiene que aceptar cómo se siente acerca de la vida a veces. “Hoy es un día de mierda” es un enfoque perfectamente realista. Se trata de encontrar una especie de paraguas mental. “Hey-ho, está lloviendo dentro de mí: no es culpa mía y no hay nada que pueda hacer más que aceptarlo. 

Pero el sol podría salir mañana, y cuando lo haga, lo aprovecharé”.

No sé si esto te sirve de algo: podría no serlo y, si es así, lo siento. Simplemente pensé en escribirte algo para desearte buena suerte en tu búsqueda por encontrar un poco más de placer y sentido a la vida.
Mis mejores deseos
Stephen Fry

jueves, 24 de febrero de 2022

QUÍMICA CEREBRAL

 El estado de la mente es, en el fondo, una cuestión de química cerebral. 

Hay sustancias que modifican sustancialmente nuestro estado de ánimo. Hay moléculas que nos tranquilizan y nos relajan para poder dormir, otras nos vuelven eufóricos, y otras nos abren puertas a relaciones sociales y sexuales. Otras sustancias nos vuelven obsesivos y nos hacen ser dependientes de ellas, y otras nos anestesian y nos apagan la conciencia.

Así que, en cada momento, nuestra conducta, lo que somos, depende de una compleja tormenta bioquímica desatada en el interior de nuestro cerebro. Y si la sangre deja de enviar nutrientes a las neuronas, estas entran en un equilibrio termodinámico mortal que apagará la conciencia definitivamente. 

jueves, 27 de enero de 2022

MONISMO


Desde que vi la serie Cosmos de Carl Sagan a principios de los ochenta soy partidario convencido del monismo materialista, según el cual existe una unidad subyacente en la naturaleza en sus niveles más básicos y admite que el desarrollo evolutivo de los seres vivos pueda dar lugar a los procesos mentales. 

El idealismo sería otro tipo de monismo pero no es fácil explicar cómo la materia es una manifestación del espíritu. 

El materialismo  es una visión de la vida sin necesidad de entes sobrenaturales. Los seres vivos se explican por su asombrosa capacidad de organización pero a un nivel imperceptible para los humanos, a una escala de millones de veces más pequeña que los objetos cotidianos que nos rodean. Las estructuras celulares y las reacciones químicas que allí se producen no pueden ser entendidas si no es gracias a un largo proceso de investigación científica que ha resultado ser la manera más coherente de ordenar nuestras percepciones y  el modo más eficaz de gestionar nuestro entorno.

También la mente encaja en esta visión materialista del universo. 

Ya me gustaría poder ser dualista y creer que los humanos, o su mente, disfrutan  de una categoría especial y única que les acerca a Dios y  les permite encontrar un sentido a nuestro paso por este planeta. Poder asumir que el universo es algo más que un infinito incendio que tiende al equilibrio cruzando miles de millones de años hasta alcanzar la nada termodinámica. No es nada fácil admitir que los seres vivos se comen unos a otros para sobrevivir y en este juego se formaron unos animales que intentan comprender las reglas del mundo donde están atrapados sin ninguna posibilidad de trascendencia.

Microscopios y telescopios para poder escrutar la formación de las galaxias y el secreto más íntimo de la vida, para poder explorar cómo la materia pudo evolucionar y organizarse de tal modo que dio  origen a la experiencia sentida y consciente.


domingo, 29 de agosto de 2021

REFLEXIÓN FRENTE AL MAR

 La ciencia actual mantiene, sin muchas dudas, que una evolución cósmica de menos de 15.000 millones de años ha originado una especie con un cerebro que es capaz de preguntarse cómo ha llegado hasta aquí. La consciencia es esta capacidad de reflexionar sobre su propia existencia. La aparición de una mente consciente debe haber proporcionado ventajas reproductivas a esta especie que parece dominar su planeta. Pero qué necesidad había de que la evolución produzca mentes que buscan un sentido frente a un universo silencioso e indiferente, ajeno a la moralidad donde busca refugio este mono. ¿Por qué busca algo más que el placer momentáneo, qué le impulsa a buscar un mundo mejor,  por qué anhela en el futuro la felicidad si ha de llegar un momento que solo en el pasado puede encontrar la ilusión y la utopía. ¿Para qué necesitaba este primate la búsqueda metafísica de sentido a su existencia si le bastaba con ser inteligente y hermoso para reproducirse? Se hubiera ahorrado el horror, el abismo al que se precipita cuando no encuentra la solución al misterio del tiempo, la angustia frente a la inmensa soledad de un cosmos que no parece que tuviera la finalidad de que surgiera esta curiosa especie de homínido ¿O si?

 Escribo esto mientras escucho música a dos metros de la orilla del mar en un espléndido dia de finales de agosto. Observo como mi hijo exhibe su alegria de vivir mientras juega con sus amigos, a su lado unos bellos y jovenes ejemplares de nuestra especie muestran su potente hermosura y su bronceada carne. La fascinacion por los hijos, la idealizacion de la busqueda de la pareja y la obsesión con el sexo son propias de nuestra especie y faciles de entender desde el punto de vista evolutivo. Pero, ¿para qué una mente consciente de los límites de su propia existencia, indefensa ante sus propios sueños?


domingo, 17 de enero de 2021

UN MES DESCONCERTANTE

Si el año pasado fue desconcertante, éste ha empezado peor. El virus lo envuelve todo y ha dejado a todo el planeta patas arriba. Angustia, desasosiego, incertidumbre. Confío en que la vacuna consiga vencer al virus, pero aún quedan unos meses muy duros, y después de controlar el complicado problema sanitario quedarán los problemas económicos, sociopolíticos y psicológicos, así que no hay muchas razones para el optimismo. De momento, voy a buscar lecturas sobre termodinámica y sobre psicología evolucionista que es donde están las claves para entender el sinsentido del universo, la vida y la conciencia. Pues eso, un mes desconcertante por muchos motivos, aunque, no diré más.



jueves, 24 de diciembre de 2020

UN AÑO DESCONCERTANTE


Un año inquietante está a punto para pasar a la historia. Un año en el que vivimos peligrosamente y que cambiará el modo de vivir de los siguientes.
Si hasta ahora, para morir, lo único suficiente era estar vivo, ahora para enfermar puede ser suficiente con salir a la calle. Si el roce traía el cariño, ahora también trae el contagio. En este año del estado de alarma vamos a resignarnos tranquilamente al cierre de espectáculos, de restaurantes, de viajes, de la noche; pero que nadie nos quite ya nuestro mundo virtual. A un niño puedes apartarlo de sus amigos pero no de sus videojuegos,y no intentes apartar a un adolescente de su teléfono móvil. Es verdad, tampoco a un adulto, ¿o es que alguien conoce a alguien que se resignara a hacer la cuarentena sin su smartphone y sin su internet?
Este año histórico ya está a punto para despedirse. El año de la pandemia, del coronavirus, del confinamiento y de la mascarilla, del teletrabajo y de las telecompras. Este año está a punto de acabar con una etiqueta más, el año sin Navidad.
En este año del desconcierto, unos días puedes cenar con diez comensales, y otros con seis, unos días te recomiendan las autoridades que no haya picoteo en la cena de Nochebuena, o que solo haya convivientes de dos núcleos familiares, otros días te explican el significado de ser "allegado" para que puedas cenar o no con él. También el delirio se instala en otros lugares, como en Italia, donde se explica tranquilamente que " quien al mediodía vaya a comer con sus abuelos no podrá ir a cenar con sus primos por la noche"
Bien, no pasa nada, pero no hay una navidad diferente, no hay navidad.
No hay navidad porque no hay cena de nochebuena con familiares, porque no hay reuniones en los bares con el ambiente prenavideño de siempre. No hay villancicos, ni comidas con los sobrinos, no hay ilusión en las compras de los días previos con las calles repletas de gente, ni tampoco conciertos navideños en la Iglesia donde puedas ir a ver cantar o tocar sus primeras notas a los más pequeños. Tampoco ha existido el último día de clase antes de Navidad, ese día que, anticipando las dos semanas de vacaciones, se respiraba un ambiente diferente en los centros, no lectivo sino festivo, donde los alumnos circulaban libremente siguiendo sus primeras lecciones hormonales, ese ambiente con una banda sonora reconocible, que este año no ha existido.
Pero, claro, habrá felicitaciones y besos virtuales por whatsapp, instagram, facebook y demás redes sociales. La vida digital se reforzará y continuará con su excelente estado de forma, dominando en todos los ámbitos de las relaciones personales. La vida presencial no será lo que era, y puede que, sencillamente, estuviera sobrevalorada. Por ahora continua presente un fuerte impulso a intercambiar ciertos flujos biólógicos,  pero siempre puede uno volver, de nuevo, al cortejo digital. Pero no es lo mismo. 
Esperemos que el próximo año sea el de una vacuna eficaz y no virtual. No les digo feliz Navidad, pero si les deseo un esperanzador año 2021.

martes, 22 de septiembre de 2020

ÚLTIMA TARDE

Última tarde del verano. Últimas imágenes de algunos de los paisajes recorridos este verano largo, extraño, con muchas horas pasadas junto al mar, donde las mascarillas no cubrían la sonrisa de los niños. Último paseo de este verano que viví, y que ya lo tengo en mi memoria.

Un otoño lleno de incertidumbre está aquí. El indetectable virus y el desconcierto como protagonistas de nuestra vida cotidiana. Confío en que el conocimiento logre frenar a este insólito enemigo que está tambaleando nuestro modo de vida. Pero, ya veremos...




lunes, 10 de agosto de 2020

LÁGRIMAS DE AGOSTO






Este año las lágrimas de agosto van a ser más abundantes que otros años. También las de San Lorenzo. También las lágrimas víricas que se esconden detrás de las mascarillas de este agosto enfermo.

Vuelvo, como cada año, a los mismos lugares donde contemplaba el espectáculo de las estrellas fugaces de mediados de agosto. Ya no es el mismo cielo Ya no están las esperanzas. Ya no están los deseos o las promesas. Lo que pudo haber sido y no fue. Ya no hay lugar para la inocencia. Ni siquiera para el futuro.

Agosto es un mes intenso, y puedes disfrutar con todos los sentidos de algunos días redondos y completos en estas playas mediterráneas si hay un oleaje en calma. Puedes exponerte al sol como un reptil y notar su fuego lejano. Sus atardeceres, largos y salados tienen todavía un sabor rojo a yodo marino, pero,  como en la alegría de un pre-jubilado, se intuye que la senda ya va en descenso. Despojado de tus sueños, la realidad te envuelve y sabes que solo puedes perder. Nunca fueron igual los viajes de ida que los de vuelta.

Por esto agosto es un mes muy emocionante, muy sentimental y de lágrima fácil, consciente de la liquidez del tiempo. Por esto, cada día, y con la música como compañera de paseo, dejo que fluya la memoria, que la emoción lo envuelva todo, que broten las lágrimas. No diré más.