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jueves, 24 de diciembre de 2020

UN AÑO DESCONCERTANTE


Un año inquietante está a punto para pasar a la historia. Un año en el que vivimos peligrosamente y que cambiará el modo de vivir de los siguientes.
Si hasta ahora, para morir, lo único suficiente era estar vivo, ahora para enfermar puede ser suficiente con salir a la calle. Si el roce traía el cariño, ahora también trae el contagio. En este año del estado de alarma vamos a resignarnos tranquilamente al cierre de espectáculos, de restaurantes, de viajes, de la noche; pero que nadie nos quite ya nuestro mundo virtual. A un niño puedes apartarlo de sus amigos pero no de sus videojuegos,y no intentes apartar a un adolescente de su teléfono móvil. Es verdad, tampoco a un adulto, ¿o es que alguien conoce a alguien que se resignara a hacer la cuarentena sin su smartphone y sin su internet?
Este año histórico ya está a punto para despedirse. El año de la pandemia, del coronavirus, del confinamiento y de la mascarilla, del teletrabajo y de las telecompras. Este año está a punto de acabar con una etiqueta más, el año sin Navidad.
En este año del desconcierto, unos días puedes cenar con diez comensales, y otros con seis, unos días te recomiendan las autoridades que no haya picoteo en la cena de Nochebuena, o que solo haya convivientes de dos núcleos familiares, otros días te explican el significado de ser "allegado" para que puedas cenar o no con él. También el delirio se instala en otros lugares, como en Italia, donde se explica tranquilamente que " quien al mediodía vaya a comer con sus abuelos no podrá ir a cenar con sus primos por la noche"
Bien, no pasa nada, pero no hay una navidad diferente, no hay navidad.
No hay navidad porque no hay cena de nochebuena con familiares, porque no hay reuniones en los bares con el ambiente prenavideño de siempre. No hay villancicos, ni comidas con los sobrinos, no hay ilusión en las compras de los días previos con las calles repletas de gente, ni tampoco conciertos navideños en la Iglesia donde puedas ir a ver cantar o tocar sus primeras notas a los más pequeños. Tampoco ha existido el último día de clase antes de Navidad, ese día que, anticipando las dos semanas de vacaciones, se respiraba un ambiente diferente en los centros, no lectivo sino festivo, donde los alumnos circulaban libremente siguiendo sus primeras lecciones hormonales, ese ambiente con una banda sonora reconocible, que este año no ha existido.
Pero, claro, habrá felicitaciones y besos virtuales por whatsapp, instagram, facebook y demás redes sociales. La vida digital se reforzará y continuará con su excelente estado de forma, dominando en todos los ámbitos de las relaciones personales. La vida presencial no será lo que era, y puede que, sencillamente, estuviera sobrevalorada. Por ahora continua presente un fuerte impulso a intercambiar ciertos flujos biólógicos,  pero siempre puede uno volver, de nuevo, al cortejo digital. Pero no es lo mismo. 
Esperemos que el próximo año sea el de una vacuna eficaz y no virtual. No les digo feliz Navidad, pero si les deseo un esperanzador año 2021.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

10 AÑOS

 
El blog cumple 10 años. En noviembre de 2010 inicié este blog con una cita de Spinoza sobre el libre albedrío, hoy sigo pensando lo mismo. Los primeros meses publiqué muchas entradas porque ya las tenía escritas. Muchas eran sobre cine, formaban parte de un proyecto de libro, otras sobre reflexiones en torno al libre albedrío o a la naturaleza humana vista desde una perspectiva evolucionista. Muchas otras sobre vivencias o gustos culturales. Todas breves, ninguna sobre la actualidad política o social, excepto las de la primera ola de la pandemia.  En los últimos años no he sido tan prolífico, pero al menos una vez al mes acudo a estas páginas para dejar testimonio escrito de aquello que me empuja desde dentro.
 
227 entradas, 342 comentarios, son los números que aparecen hoy. El visitante curioso las puede encontrar clasificadas con el filtro de las etiquetas. Una selección de las publicadas los primeros años aparecieron en un pequeño libro titulado “Tiempo, memoria y libre albedrío”.
 
Ha pasado una década que me deja dos hijos. Pasa la vida, que diría una canción, un trozo de mi vida.
 

 


lunes, 26 de octubre de 2020

UNA NARANJA

 

Esta tarde quería escribir sobre el libre albedrío, hace mucho que no lo hago, o sobre la felicidad, o sobre Rafael Nadal, o sobre el maldito virus que continúa infectando nuestro modo de vida. Pero he tenido pereza, y tristeza, así que me he ido a hacer una visita al mar. Me he llevado unas cuantas clementinas, las de esta tierra son las mejores del mundo y en estos días de finales de octubre están en su punto óptimo de acidez y dulzor. Con la música de Keane, cualquier canción me sirve, he disfrutado de la soledad de la playa vacía, que desprendía un aroma fuerte y puro. Por un momento, me he olvidado del virus y del incierto y extraño mundo que está dejando y me he concentrado en mi mundo interior. Las naranjas olían como hace 40 años, y la de la foto tenia un sabor que rozaba la perfección. Es lo que hay.



martes, 22 de septiembre de 2020

ÚLTIMA TARDE

Última tarde del verano. Últimas imágenes de algunos de los paisajes recorridos este verano largo, extraño, con muchas horas pasadas junto al mar, donde las mascarillas no cubrían la sonrisa de los niños. Último paseo de este verano que viví, y que ya lo tengo en mi memoria.

Un otoño lleno de incertidumbre está aquí. El indetectable virus y el desconcierto como protagonistas de nuestra vida cotidiana. Confío en que el conocimiento logre frenar a este insólito enemigo que está tambaleando nuestro modo de vida. Pero, ya veremos...




martes, 8 de septiembre de 2020

A PROPÓSITO DE WOODY ALLEN


Una de las lecturas más interesantes del verano ha sido la autobiografía de Woody Allen, cuyo título “A propósito de nada”, bien podría haber sido el título de este blog de habérseme ocurrido hace 10 años. 

Al igual que su cine, el libro es ligero pero profundo, divertido pero pesimista, y aunque yo suprimiría muchos pasajes de sus inicios como escritor de chistes para humoristas que en Europa son desconocidos, la parte sustancial de su problema con Mia Farrow es interesante y convincente. 

Sus relaciones con las mujeres y con el cine, sus obsesiones y sus fobias, sus gustos musicales y teatrales, todo su mundo aparece adornado con su inconfundible sentido del humor (quiere que sus cenizas sean guardadas cerca de una farmacia). 

No quiero extenderme más, simplemente recomendar estas extraordinarias memorias de uno de los principales referentes de la cultura de nuestro tiempo que en su vida personal se ha visto envuelto en una tragedia que supera cualquiera de sus ficciones.

También quiero decir que yo sí le creo.


lunes, 10 de agosto de 2020

LÁGRIMAS DE AGOSTO






Este año las lágrimas de agosto van a ser más abundantes que otros años. También las de San Lorenzo. También las lágrimas víricas que se esconden detrás de las mascarillas de este agosto enfermo.

Vuelvo, como cada año, a los mismos lugares donde contemplaba el espectáculo de las estrellas fugaces de mediados de agosto. Ya no es el mismo cielo Ya no están las esperanzas. Ya no están los deseos o las promesas. Lo que pudo haber sido y no fue. Ya no hay lugar para la inocencia. Ni siquiera para el futuro.

Agosto es un mes intenso, y puedes disfrutar con todos los sentidos de algunos días redondos y completos en estas playas mediterráneas si hay un oleaje en calma. Puedes exponerte al sol como un reptil y notar su fuego lejano. Sus atardeceres, largos y salados tienen todavía un sabor rojo a yodo marino, pero,  como en la alegría de un pre-jubilado, se intuye que la senda ya va en descenso. Despojado de tus sueños, la realidad te envuelve y sabes que solo puedes perder. Nunca fueron igual los viajes de ida que los de vuelta.

Por esto agosto es un mes muy emocionante, muy sentimental y de lágrima fácil, consciente de la liquidez del tiempo. Por esto, cada día, y con la música como compañera de paseo, dejo que fluya la memoria, que la emoción lo envuelva todo, que broten las lágrimas. No diré más.


martes, 14 de julio de 2020

ATARDECERES

Julio es el mes perfecto. Sus largas tardes en estas playas son incomparables con cualquier otra oferta meteorológica del planeta. 
Quiero escribir sobre el tiempo y sobre la memoria pero no puedo, es como escribir en el agua. No puedo atrapar la esencia de cada atardecer, no puedo retener la textura del aire en cada reencuentro con estas tardes mediterráneas y no puedo impedir la nostalgia de los juegos en este mismo mar cuando aquel cuerpo juvenil, con el aroma a salitre incrustado en la piel, se creía inmortal, libre y dispuesto a pelear con cada ola para conquistar el paraíso en cualquier puerto. He vivido muchos atardeceres como éste, pero todavía no sabía que la guerra estaba perdida de antemano. 
De momento, aun puedo disfrutar contemplando cómo los niños exhiben con inocente entusiasmo su euforia y su alegría en estos atardeceres que representan la gloria del verano.

martes, 2 de junio de 2020

DE NUEVO, EL MAR

Sigue el estado de alarma, pero sin confinamiento. El baile de cifras de los últimos días hace absurdo seguir el conteo de muertos. Parece que las estadísticas ya han perdido interés, ahora lo importante está en las fases y lo que se puede hacer con ellas. Aquí, desde ayer se puede ir a la playa y bañarse. Comenzó el mes de junio con sus días azules, y volví a oler el mar mientras mis hijos gritaban y celebraban en una playa solitaria la alegría de vivir.
Hice unas fotos, pero mientras otros verían la necesidad de publicarlas en instagram o en Facebook, donde intentan acaparar seguidores yo tengo el gusto de contarlo aquí, aunque haya poca gente que lea estas entradas. Ahí dejo algunas fotos de uno de mis paisajes preferidos y de unos momentos que quedarán grabados en la mente de estos niños, al menos durante algunas décadas.














miércoles, 20 de mayo de 2020

VIRUS Y CAOS



Día 20 de mayo. Día 68 del estado de alarma.

Los biólogos sitúan a los virus en la frontera de la vida porque no son células, y además, solo realizan una de las tres  funciones de los seres vivos. No se nutren ni se relacionan, pero son capaces de reproducirse eficazmente cuando penetran en una célula huésped. Así, como cualquier ser vivo, los virus se replican y esparcen sus copias por este mundo; y también como cualquier ser vivo, siguen la implacable lógica darwiniana de que cualquier cosa que se reproduce con éxito en un determinado contexto, es capaz de permanecer en el tiempo. Si este coronavirus no hubiera tenido este éxito reproductor, habría pasado desapercibido como pasó con otros virus que fueron abortados por la comunidad científica en tiempos recientes. Nada nuevo.
Creced y multiplicaos, he ahí uno de los primeros mandatos del Génesis después de que se haya hecho la luz. Y eso hacen todos los seres vivos. Vivir es atrapar orden a partir del exterior, generar entropía – por cierto, uno de los conceptos clave para entender el fenómeno de la vida- creando desorden en el entorno. Los humanos, con nuestra complejidad biológica y social, creamos mucho orden a costa de generar mucho deterioro ambiental. Pues bien, este virus también ha sido capaz de vencer a toda la biotecnología del planeta y replicarse con facilidad, a costa de los demás, dejando todo su entorno completamente deteriorado. Junto a la crisis sanitaria, ha provocado un caos en nuestra vida económica, social y política. Siguen los científicos, pero también los políticos, y los economistas y los sociólogos, y los comunicadores, y los tertulianos de cualquier pelaje, lanzando proclamas de los que nos viene cuando en realidad solo sabemos que no sabemos prácticamente nada sobre cómo será el futuro del covid-2, o covid19. Continuamos sin saber exactamente como este virus ha podido generar tanto caos en todo el planeta en el siglo XXI.
Las comunidades ahora están en un proceso de desescalada en distintas fases: fase 0, fase 1, pero también fase 0,5. También he oído fase 1.5. Los horarios, por edades, por deportes, por número de habitantes, por zonas sanitarias, uff. Aforos al 30%, al 40%, o al 50%. Vacunas y antivirales por todos lados y a todas horas. Los imprescindibles test, que deberían haber sido la clave desde el principio, continúan sin ser habituales en un centro médico, ni siquiera en las personas con altas probabilidades de estar contagiadas. Compras de mascarillas que no funcionan. Estafas de chinos. Muchas normas para las mascarillas, pero mucha gente circula sin ellas. El estado de alarma, o se debería llamar de excepción, es constitucional, o no lo es. Rebajas no, o si pero sin aglomeraciones. Las terrazas, si pero no. Las playas, he leído que en fase dos, cita previa, drones, parcelas de edad, sin juegos y sin boca a boca. Mi añorada playa de Canet aparecía hoy cuadriculada. Economía frente a sanidad. Manifestaciones, escraches, caceroladas, ira política, bandos. 
Veo mucha gente saliendo sin miedo, intenta vivir con cierta despreocupación. Pero el virus ha dejado a todo el planeta inmerso en la incertidumbre y el caos.


sábado, 2 de mayo de 2020

DESPERTAR SIN PRISAS


Día 2 de mayo. Día 50 de confinamiento

Los niños ya pueden salir a la calle, aunque solo una hora. Mis hijos, ajenos a la excepcionalidad del momento que están viviendo, agradecen que su sueño no sea interrumpido cada mañana, y yo procuro que nada perturbe su tranquilidad, su nueva rutina. Me gusta observarlos cuando duermen mientras la luz ya asoma por la ventana.
Siguen cayendo los días. Todos comienzan con un momento que resume la esencia de todas las cosas, el vínculo más natural, el amor más sencillo y puro.
Percibir de cerca el olor intenso que únicamente hacen los hijos cuando se acaban de despertar. Mirarles la cara desde muy cerca. Besarles mucho, besos largos y hondos que solo se hacen a los hijos cuando están medio dormidos. Despertar cuando la naturaleza que llevas dentro te indica que ya has soñado bastante. Sin despertador, sin prisas.

lunes, 20 de abril de 2020

PANDEMIA. PROGRESO DEL CONOCIMIENTO Y CARÁCTER GLOBAL


Dia 20 de abril. Dia 38 de confinamiento. 

Los de mi generación nunca habíamos visto nada igual. Creíamos tener controlada a la naturaleza. Nos sentíamos, desde nuestra cómoda sociedad del bienestar, invulnerables frente a catástrofes gracias al progreso tecnológico. Ahora, muchos han aprovechado la pandemia para mantener que el coronavirus es producto de nuestro modo de vivir globalizado y capitalista, y que por tanto, deberemos cambiar nuestro modo de vida consumista e insostenible. Se proclama que ya nada será igual, que la humanidad puede desaparecer ante esta o cualquier otra catástrofe que hasta ahora, solo creíamos reservadas a la ficción.

Pero las epidemias han existido siempre, incluso desde la aparición de nuestra especie. Algunos autores sostienen que alguna enfermedad vírica fue una de las principales causas de la desaparición de los neandertales, en cambio, Homo sapiens prosperó con un fuerte sistema inmune. Sin ir tan lejos, en el siglo XIV, la peste se propagó por Asia y Europa causando en algunos lugares, como Florencia, el fallecimiento de casi la mitad de sus habitantes. La conocida gripe española de 1918 provocó una pandemia que causó la muerte de varias decenas de millones en un año, llegando a infectar a la cuarta parte de la población humana.

El desarrollo tecnológico de los últimos decenios, con los avances en transportes de todo tipo, ofrece, sin duda, a los microbios una posibilidad de difusión extraordinaria. Sin embargo, a excepción del SIDA, prácticamente todo el mundo occidental ha vivido durante muchas décadas, despreocupado de cualquier amenaza infecciosa, y las epidemias matan a menos personas que nunca. Y esto ocurre gracias al progreso de la ciencia y la tecnología. Son ellas las que nos salvan de las epidemias, no las que nos conducen a ellas. Es la información lo que les faltó a los neandertales, a los habitantes de Florencia del siglo XIV o a los de principios del siglo XX. La falta de conocimiento y tener explicaciones falsas sobre las enfermedades infecciosas provocaron la mala defensa frente a los patógenos. La simple idea de que las enfermedades contagiosas están provocadas por un microbio y no por dioses o demonios enfadados, y por tanto, que había que prevenir el contacto y no rezar en grupo, es la que inicio el avance de la medicina para el control de pandemias y la que condujo al progreso y a la tecnología de las vacunas, los antibióticos y otras formas de combatir la muerte.

El  principal éxito en la lucha contra los patógenos se produjo con la vacunación global de viruela que llevó a que en 1979, la OMS declarara la erradicación total de la enfermedad. Sin cerrar fronteras ni ceder a nuestros avances tecnológicos, sino con la cooperación científica entre todos los países para una causa común como era la lucha contra la viruela. El progreso del conocimiento y el carácter global del problema son los dos aspectos importantes en la lucha contra cualquier enfermedad infecciosa que puede convertirse en pandemia, que por definición, se trata de una cuestión global. Y son estos mismos aspectos los que serán importantes en nuevos problemas mundiales que pueden suceder en este mismo siglo como la lucha contra la resistencia bacteriana a los antibióticos, el cambio climático, los flujos migratorios o una guerra nuclear.

Estamos pues, ante un problema global que necesita una respuesta global coordinada. Es toda la especie humana la que se enfrenta a un enemigo común: si un virus, con toda su capacidad para replicarse y mutar, infecta a un humano de un rincón del mundo, pone en peligro a cualquier ser humano del planeta. La trinchera que separa a los dos bandos es la piel de cualquier ser humano. Los virus están al otro lado y es el enemigo común a todos los humanos. Por consiguiente, hay que estar preparado científicamente para este escenario con una respuesta sanitaria que afecte a toda la especie. También hay que estar preparado con sociedades con más humildad, libertad y democracia, menos dictatoriales, arrogantes, egoístas y oscuras.

La cuestión clave puede ser la gestión sanitaria, política y económica que coordine a todos los países. La OMS debería jugar un papel crucial en el plano sanitario, pero no sé si es el caso. Pero los Estados Unidos, Europa, China, Rusia o los Países Árabes son los principales actores que deberán proponer autoridades que lideren esta crisis global sin precedentes. En estos líderes está la clave.  No digo en ningún momento que sea fácil.

jueves, 16 de abril de 2020

PRIVACIDAD


Día 16 de abril. Día 34 de confinamiento.

Continúan cayendo los días. Se habla de geolocalización a través de los móviles cuando nos volvamos a desplazar por el exterior. Se intentará conocer las vías de contagio. Hay quien se queja. En realidad, ahora estamos encerrados en casa, y cualquier sitio al que vayamos desde internet puede ser capturado, contabilizado y tratado como un dato más del que disponen para conocernos mejor. Se habla de control de los individuos por parte del Estado. Cualquier cosa que yo haga con este teclado, cualquier página a la que acuda desde la silla en la que estoy sentado puede ser computarizado y pasado por un algoritmo y adivinará muchas cosas sobre mis gustos al consumir, también sobre mi personalidad, mi inteligencia o mis valores morales.

Pero de momento, en estos días de reposo casero encuentro tiempo para escuchar tranquilamente mi música de siempre, y no hay forma de que ningún algoritmo calcule por qué  con cada canción salga un torrente bioquímico en mi cerebro que me lleva a tiempos y lugares que son parte de mi yo más profundo. Últimamente viajo con el pop de hace algunos años: Morrisey, James, Keane y alguno más.  Solo yo sé por qué estos. Y nadie más sería capaz de situar el paisaje sentimental donde se sitúan los acordes de cada canción que escucho mientras unos suaves rayos de sol de primavera reposan con quietud sobre mi piel. Son secretos guardados en misteriosos e inexpugnables rincones de mi cerebro. Esta privacidad es infranqueable, de momento.

domingo, 12 de abril de 2020

CAEN LOS DÍAS


Día 12 de abril. Día 30 de confinamiento.

Caen los días, y no sé si contarlos o descontarlos. Todos son iguales. Es igual que sea la semana de Fallas o de Pascua, es igual que sea sábado o martes. En treinta días he salido dos veces a la calle, de compras.

 No estoy optimista hoy, pero esto no es una guerra. No soy ningún héroe por estar aquí escondido con wifi, nevera llena y sofá; no tengo ningún inconveniente a nivel personal en soportar estos días. Soy de los que no necesita salir de casa para estar bien; cine, música, libros, y sobretodo juego con los niños, así que no tengo problemas de aburrimiento. Los héroes son los que salen a trabajar cada día después de haber visto las noticias, asumiendo un elevado riesgo de contagio. La incertidumbre lo impregna todo y es el principal factor de desequilibrio. No sé cómo vamos a gestionar esta derrota, esta sensación de vulnerabilidad de nuestro mundo que creíamos inquebrantable. 

Aunque fueron sucesos muy graves, no hubo un antes y un después de los atentados del 11 S, ni tampoco a nivel nacional lo hubo con los atentados de Atocha del 11 M, pero sí lo habrá con esta pandemia del coronavirus, que aún tiene que recorrer muchos países en vías de desarrollo donde los muertos serán difíciles de contar. Puede que yo mismo tuviera un exceso de confianza en que la solución vendría pronto de la  ciencia. Mantengo esa confianza, y solamente del conocimiento puede venir la solución, que ha de ser global, pero el precio que vamos a pagar va a ser mucho más alto de lo que creía hace un mes.

miércoles, 8 de abril de 2020

MEMES Y CORONAVIRUS


Día 8 de abril. Día 26 de confinamiento. Aún no se han actualizado las cifras de hoy, pero estarán cerca de 14.000 muertos y de 150.000 contagiados en toda España. Son las cifras oficiales, pero creo que son aproximaciones poco rigurosas por la falta de test masivos que aporten datos más realistas sobre la enfermedad. El panorama sanitario puede que esté comenzando a aclararse, que la famosa curva de contagios empiece a descender y puede que el colapso hospitalario más trágico ya haya pasado, aunque seguramente nos queda una recuperación lenta y prolongada. Pero el panorama político está preparado para hervir. Los seguidores de este blog ya saben que aquí he estado absolutamente al margen de posicionarme políticamente; también ahora lo dejo para otros momentos y otros lugares. Cuestión de carácter. Pero quiero decir algunas cosas que no sé si quedarán claras para todos los lectores.

Aunque ya saben que los hechos son los hechos, las explicaciones que se dan de los hechos se amoldan  a los prejuicios que cada uno tiene y por tanto, las interpretaciones son diversas y encontradas. Pero las opiniones que algunos ladran en las redes sociales me asustan. También el panorama en la televisión es desalentador y circulan muchas ideas que se replican como los virus se replican por los hospitales.

El concepto de “meme” fue introducido hace ya mucho tiempo por Richard Dawkins en un famoso y polémico libro titulado “El gen egoísta”. Se refería a ideas que pueden pasar de un cerebro a otro y de este modo, reproducirse. Con un claro paralelismo con los genes, los memes también se someten a los procesos de variación y selección darwinianas, y son paquetes de información que aparecen con los humanos, y que afectan al comportamiento de las personas produciendo una evolución cultural semejante a la evolución biológica. Aunque la idea de meme no fue bien recibida por muchos científicos y fue duramente criticada por motivos que ahora no vienen al caso, en realidad ha sobrevivido hasta aquí, comportándose realmente ella misma como un meme que ha sido seleccionado y que continua siendo utilizado por los cerebros de muchos autores.  Son como genes, o como virus que se replican y consiguen aumentar el número de copias y permanecer en el tiempo, aunque estas ideas no tienen por qué aproximarse a la verdad fáctica  o a la utilidad social.

En estos tiempos de pandemia, es una cuestión fundamental la de sobrevivir evitando ser contagiado por cualquier tipo de virus. Existen ideas, que pueden considerarse auténticas memeces, que son auténticos  memes, también pasan de cerebro a cerebro reproduciéndose y afectando a la capacidad de ver la realidad y al comportamiento del portador. Las redes sociales consiguen que las bobadas se reproduzcan con mucha eficacia haciendo que el portador de algunos de éstos memes se convierta en un enfermo que cree que lleva la receta mágica para acabar con todos los virus. Es un memo que está convencido de estar en posesión de la verdad cuando en realidad su cerebro huele a podrido porque contiene muchos memes peligrosos que pueden ocasionar una pandemia terrible. Es difícil de contabilizar la cifra de estos memos, pero son muchos.

Pues eso. Voy a ver la cifra diaria de muertos y contagiados por el coronavirus, que también son difíciles de contabilizar.

sábado, 28 de marzo de 2020

INCERTIDUMBRE



28 de marzo. Día 15 de confinamiento. Cada día celebro que me encuentro bien, más o menos. Celebro que no tengo fiebre, que respiro bien y que todavía percibo, cada mañana, el olor del café y el sabor de las magdalenas. Al menos, soy asintomático.
Los medios de comunicación y las redes sociales están repletos de virus que se replican sin descanso. Se multiplican los contagiados y los estúpidos. Hay enfermos y muertos en los pasillos de los hospitales. Hay auténticos héroes que salen a trabajar cada día, algunos por sueldos muy humildes. Y hay ignorantes que ladran en los platós y en las redes sociales, que encuentran la solución a todo aunque no se han enterado nunca de nada, hacen pronósticos sobre el apocalipsis y reparten lecciones sin saber nada.
Creo que la biotecnología acabará superando esta insólita tragedia pero lo único cierto es la incertidumbre de la situación. Nadie sabe cómo y cuándo acabará esta pandemia. No soy de los que piensa que tras el coronavirus vendrán tiempos de concordia y de desbordante generosidad entre los seres humanos, no creo que nos abracemos y nos besemos en medio de la calle mostrando una fraternidad universal. Más bien los cuchillos se afilarán y nos esperan reproches y caos en medio de la nueva crisis, aunque las conductas heroicas y las estúpidamente irresponsables deberían airearse y quedar expuestas claramente bajo el nuevo sol que nos espera.
De momento, pienso en volver a escuchar la música que ahora escucho, pero frente al mar; volver a saborear una buena paella junto a mi familia hecha por mi madre; volver a cenar en una terraza estival con mi mujer y mis hijos. En bañarme en una piscina tranquila mientras mis hijos aparecen con el pelo mojado a escasos centímetros de mis ojos.
De mis auriculares suena música que me acaba de transportar a viejos sueños y que me recuerdan el entusiasmo y la pasión con que buscaba la belleza absoluta.
Voy a secarme las lágrimas y a despertar a mis hijos. Tengo ganas de oler su aliento. De notarlo desde muy cerca, de ver sus ojos que regresan de un plácido sueño.
Voy a olvidar que por ahora, navegamos en un barco que lleva un rumbo incierto.

martes, 17 de marzo de 2020

EL MES DEL CORONAVIRUS


17 de marzo de 2020, cuarto día de confinamiento. No puedo evitar escribir sobre el coronavirus, el asunto que todo lo abarca. Un escenario sin precedentes, todo el planeta paralizado.

Me cuesta asomarme al televisor. Expertos de todos los colores dan lecciones de responsabilidad y vaticinan todo tipo de futuros, pero nadie sabe lo que ocurrirá dentro de unos días. La Unidad Militar de Emergencias desintoxicando las calles desiertas de Valencia. La vida social de Occidente congelada, las consecuencias económicas incalculables, aunque lo que ahora importa es la incertidumbre sanitaria.

En casa procuro proteger a mis hijos de la angustia, mi misión es que permanezcan ajenos a cualquier preocupación. Mi mujer trabaja en el sector sanitario, pero mis hijos y yo tenemos tiempo. Ayer mi hija me ayudó a montar una vieja batería electrónica mientras mi hijo corría en la terraza detrás de una pelota inventando ruletas, rabonas, y toda clase de recursos futboleros. Tenemos tiempo y voy a darles sus primeras clases de piano y batería. Tenemos tiempo y celebro continuamente la alegría de vivir junto a ellos, los beso y los abrazo aún más de lo que lo hacía, que era mucho.

Sin embargo, cuando estoy solo, confieso que estoy aturdido. Sí, ya sé que los conflictos son inevitables, pero también  solucionables, y uno ya ha visto muchas cosas, muchos cisnes negros, ¿pero, esto?

De cualquier forma, soy optimista y confío en la capacidad de la biotecnología para detener a este maldito virus, y creo que es el progreso del conocimiento básico, la ciencia pura, el mejor escudo que tenemos frente a ésta y otras posibles amenazas futuras, como la resistencia bacteriana frente a los antibióticos. De momento, nadie sabe cuándo se podrá restablecer una mínima normalidad, esa rutina que nunca se valora cuando se tiene, esa libertad que ahora sí tenemos limitada. De esta crisis podemos aprender a poner en valor la importancia del bienestar y progreso alcanzado en el siglo XXI. Así que mientras te lavas las manos frente al espejo, pregúntate: ¿Cuándo podré pasear por el parque, cenar en una terraza, salir a la calle y sonreír junto a mis seres queridos? Esa es la cuestión. Lo que importa.

miércoles, 26 de febrero de 2020

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA

Empecé a interesarme por la ciencia hace varias décadas, gracias a los libros de Isaac Asimov o de Carl Sagan (también su conocida serie de televisión Cosmos). Acercar la ciencia al gran público, hacerla entretenida y fácil para los demás, contribuye, creo, a mejorar los valores de los ciudadanos, y por tanto favorecer el progreso y el bienestar de la sociedad. Hacer que la cultura científica constituya un componente de la felicidad para alguien es una importante tarea, tanto  para exitosos divulgadores científicos como para humildes profesores.
Poco sentido tendría que lo que ocurre en los laboratorios o lo que se discute en los principales foros científicos se quedara allí
La psicología evolucionista, las neurociencias, la biotecnología o la genética han sido los temas que siempre busqué para entender las claves del comportamiento del ser humano. ¿Por qué somos como somos? Ésta es la cuestión para encontrar sentido a la vida, si es que lo tiene. Desde hace un tiempo, es la física teórica la que ocupa el centro de mis lecturas. Unas gafas nuevas y adecuadas para apreciar la belleza del mundo. Desentrañar los misterios del universo, buscar lo absoluto, si es que eso es posible.

“Siete breves lecciones de física”, “El orden del tiempo”, “La realidad no es lo que parece”, “¿Y si el tiempo no existiese?” Estos son los sugerentes títulos de un excelente divulgador italiano, Carlo Rovelli, que han ocupado los últimos momentos de cada noche desde hace unos meses. 

Para completar mi selección, añado este otro: "La termodinámica de la vida, de Eric D. Schneider y  Dorion Sagan. 



lunes, 20 de enero de 2020

MOMENTOS DE ORO, ORO PURO.


A partir de cierta edad, conviene tener claro que los momentos placenteros hay que subrayarlos. Puede que haya que intentar buscarlos y saborearlos cada semana.

Despertarme una mañana de sábado junto a mis hijos en la misma cama, sin prisas, con sonrisas.
Caminar junto al mar en soledad, con música en los auriculares que me ayudan a recorrer libremente por mi pasado. Nada como la música y la soledad para fundir la memoria y el tiempo.
Pasear por un parque tranquilo un día gris de invierno.
Ver correr a mi hijo con un balón pegado a sus pies, practicando regates traviesos y atrevidos.
Escuchar las risotadas gruesas y redondas de mi hija después de una de sus típicas e inocentes bromas.

Momentos de oro, de oro puro.