Estoy acabando de escribir un libro que se llamará Todo está en la pelvis y ya estoy pensando en que escribiré un último libro. Se titulará, sin más, El último.
No hay ironía en el título ni voluntad de llamar la atención. Es simplemente eso: el último. Siento que ya he llegado al final de lo que tenía que decir en forma de libro.
Siempre me ha impresionado una frase de Cesare Pavese, escrita poco antes de morir: “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.” A los pocos días se suicidó.
Hay en esas palabras una desesperación extrema, una ruptura total con el mundo y con el lenguaje. Como si ya no quedara nada que decir, ni sentido en seguir diciendo.
No es mi caso.
No dejo de escribir por desesperación, sino por agotamiento. No hay ruptura, sino conclusión. No hay un gesto final contra la vida, sino la sensación de haber recorrido ya mi camino.
Ya he vivido y ya he escrito lo que quería. Ahora voy a concluir, a rematar, a dejarlo ahí. Nada más.
Durante años he intentado entender al ser humano desde una perspectiva biológica y evolucionista. He escrito sobre el lenguaje, el amor, la moral, la cultura. He defendido una visión determinista de la conducta humana, en la que el libre albedrío es más una construcción psicológica que una realidad. Una ilusión que fue útil, para mitigar el sufrimiento que produce otra ilusión útil: la conciencia.
Y en ese recorrido hay una idea que cada vez se me ha ido haciendo más clara: no hay lo que podría haber sido. Hay lo que ha sido. Nada más.
Esa frase, que puede parecer fría, no lo es tanto cuando se mira desde dentro. Es, más bien, una forma de aceptar la propia vida como un proceso. No como una suma de decisiones libres, sino como el resultado de una cadena de causas que uno va comprendiendo con el tiempo.
Este último libro será una mezcla de todo eso. No será solo un ensayo ni una autobiografía. Será una reflexión sobre mi vida a través de esas ideas, y una síntesis de lo que pienso sobre el determinismo, el libre albedrío y la naturaleza humana.
No espero gran cosa de él en términos de difusión. Los libros han perdido centralidad y ya nada es como era. Hoy compiten con formatos mucho más inmediatos, y la visibilidad depende en gran medida de la exposición, no necesariamente del contenido. Y no soy muy dado a exponerme. No me planteo objetivos de ningún tipo. Mis hijos o mis lectores podrán hacer con mis palabras lo que les convenga. O lo que puedan. Nada más.
He escrito porque quería abrir, pero ahora escribo porque quiero cerrar.
Después, lo que venga, si viene algo, será distinto. Apuntes, notas, quizá entradas sueltas en este blog.
Pero ese libro será el último. Nada más.