martes, 31 de julio de 2018

PLACERES MEDITERRÁNEOS


Esta mañana he sido feliz. Simplemente me he puesto a pasear en bicicleta por este paisaje litoral que apenas ha cambiado desde mi niñez. En los auriculares, la suerte me ha traído viejas canciones de Morrisey o de un grupo poco conocido que se llamaba SOE (Somwhere over England), la sonrisa ha aparecido de manera infantil en mi rostro. La vista de las montañas de la Sierra Espadán a un lado y el mar al otro me proporciona el mismo placer cada año mientras pedaleo entre juncos y cañas. El mismo olor dulce y verde al pasar junto a una higuera. Una brisa suave se dejaba notar en mi rostro recordándome que el tacto es otro sentido. Me faltaba el gusto en este recorrido por los placeres sensuales, y paré a a mitad de mi paseo a degustar un buen melón, de los que solo esta tierra sabe engendrar. Efectivamente, salió muy bueno, como estos días imponentes e impagables de un julio mediterráneo y ocioso. El resto lo puso mi cerebro recordando y recreando un manantial de emociones mientras el poderoso sol de mediodía me hizo sudar y la música de The Water Boys me ayudó a recordar que hubo muchos días de gloria entre estas playas mediterráneas.

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