domingo, 27 de enero de 2019

PATERNIDAD


En varias entradas de este blog y en algunos capítulos del libro “Tiempo, memoria y libre albedrío” traté el tema de la paternidad desde el punto de vista evolutivo. Conviene retomarlo de nuevo.

Desde que los Australopitecos adoptaron una posición bípeda, fueron varias circunstancias especiales las que marcaron el desarrollo evolutivo del género Homo. El hecho de tener el canal del parto tan estrecho para un volumen craneal tan grande obligó a las madres a parir crías inmaduras necesitadas de largos períodos de aprendizaje. Las madres, que pronto destetan para estar preparadas para un nuevo embarazo, requerirían cada vez más ayuda para la crianza de unos hijos con grandes cerebros y altas necesidades alimentarias y educativas. Esta vulnerabilidad debió ser una amenaza para los Homo sapiens de hace medio millón de años y condujo a una solución rara entre los mamíferos: el padre, con un interés genético evidente, se implicó en cooperar con la madre para preparar a sus descendientes para la supervivencia. Los vínculos de pareja se desarrollaron y fortalecieron, al menos durante el tiempo que dura la crianza, y el padre tuvo que ser el primer maestro para sus hijos, a costa de renunciar a nuevas conquistas sexuales. Pese al conflicto de intereses, el rol del padre se convirtió en un elemento clave que complementó al de la madre.

En esta línea, la antropóloga Anna Machín, ha publicado recientemente un excelente artículo La maravilla del papa humano que resume las ideas de su nuevo libro La vida de papá. La forja del padre moderno. La idea central puede ser especialmente relevante en la actualidad: la paternidad es uno de los principales rasgos distintivos de la naturaleza humana.

Les dejo el enlace del artículo cuya lectura considero altamente recomendable:






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