jueves, 2 de febrero de 2017

LA PRIMERA VEZ

Hubo una primera vez que tuve la sensación de acceder a un paisaje enorme, a un espacio puro, abierto e inconmensurable. En el fondo de mi memoria todavía están los recuerdos de muchas primeras veces.

La primera vez que cogí de la mano a una novia adolescente en la oscuridad de una sala de cine, y sus primeras caricias. Aquel primer beso robado en un ascensor. La primera vez que lloré al ver una de mis  películas preferidas. El primer abrazo a mis padres tras una larga ausencia. Mi primer viaje cruzando el mar en busca de la mujer ideal y el entusiasmo ante cualquier viaje donde creí que allí empezaría todo. La primera vez que escuché aquella canción que tantas veces me haría temblar de gusto. El primer contacto con los labios de una mujer guapa y deseada. La primera noche, cualquier primera noche. Aquel primer baile provocador dedicado a mí con una mirada inequívoca. La primera página de un libro prometedor.  La primera vez que les vi la piel rosada y los ojos a mis hijos, o la primera vez que les vi caminar.

Disfruté de estos placeres con una inocencia excitante precedida por la ignorancia necesaria para que la imaginación volara sin límites. Puede ser que los instantes de felicidad haya que buscarlos  en esos momentos de inocencia y de ignorancia, en la casilla de salida de cualquier juego con grandes expectativas de disfrutarlo.


Ahora, sentado en una terraza junto al mar, espero el primer trago de una cerveza y el primer bocado de un exquisito arroz mediterráneo. No está mal. Aunque no es lo mismo.

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